Predomina en Volcar la cuna un juego permanente con el ensamble de espacios y tiempos, cierta indeterminación que se centra en la memoria, donde aparece la figura de la cuna. ¿Por qué la cuna?. Al respecto Ana Lafferranderie señala en una minientrevista que le hemos realizado con el objetivo de enriquecer esta presentación: "la indeterminación, atemporalidad (o convivencia de temporalidades) tiene que ver con la memoria, con ese estar en la memoria.  A la cuna no quisiera  ponerle  demasiados sentidos, pero puedo decir que surge  ligada a una tensión. Estar en relación con el pasado, sentirse parte de un devenir, hacer de eso un valor y al mismo tiempo necesitar deshacerse no solo del peso que implica tener tan presente esa conciencia sino también de los condicionamientos de una historia, una herencia, para poder vivir el propio tiempo. Es una  tensión que no se resuelve, a lo sumo se encuentra cierto equilibrio".

Los textos del libro aparecen, podríamos decir, encabalgados, constituyendo poemas ligeramente dependientes, lo que genera un tono suspensivo y por momentos impersonal o ambiguo. Como si se hubiesen alivianado las referencias. Ana señala que esta necesidad "responde al vínculo con la propia escritura, a una resistencia íntima a explicitar. Pero también es una elección  y  tiene que ver con una búsqueda: despojar, tensar e ir solamente a lo que siento que me acerca a  la médula de lo que quiero decir. Hay un trabajo, y ahí sí es muy consciente, puesto en transitar esa ambigüedad, ese cierto misterio y a la vez intentar que la  escritura sea  precisa, nítida".

Por último, ante la multitud de sonidos, cuerpos, voces, da la sensación de que siempre falta algo en la composición, lo que nos remite a la palabra ausencia. Sobre esta resonancia, la autora comenta:"Hay una mirada sobre el tiempo y la materia. Sentirse  parte de esa materia, de esa respiración,  con una ligazón profunda a seres que estuvieron antes, implica  aceptar la ausencia y a la vez tender puentes imaginarios, rescatar las voces,  huellas.  También es  la ausencia de uno mismo en el pasado y en el futuro, y hasta se podría decir fuera del estricto presente de la enunciación. Junto a esa ausencia, que es irrebatible,  está la  presencia material  de los cuerpos,  la sensorialidad, cada momento en  que la vida se realiza concreta, absoluta y única".

Volcar la cuna
Ana Lafferranderie
Ediciones del Dock
Buenos Aires
60 páginas
 Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2013.

De Volcar la cuna (p. 34)

Pregunta si todavía queda tiempo. Si el miedo puede dejarse de repente como se suelta una mano que aquieta. Camina sobre algo encendido. No hay modo de evitar la tarde. Vuelca la cuna y libera el espacio. Porque no hay madre para frenar el movimiento, rueda sobre sábanas sucias. El cuerpo se derrama, no lo levanta, para qué resguardarse dentro de un volcán.

Entrevista e información: José Villa