martes, 18 de octubre de 2011

La memoria al fin


Un poema de Wislawa Szymborska

La memoria al fin

La memoria al fin tiene lo que buscaba.
Apareció mi madre, se me presentó mi padre.
Soñé para ellos una mesa, dos sillas. Se sentaron.
Volví a sentirlos cercanos y volvieron a vivir para mí.
Dos lámparas, en el crepúsculo, hicieron brillar
sus rostros como para Rembrandt.

Es ahora cuando puedo contar
en cuántos sueños vagaron, de cuántas multitudes
en momentos críticos los arranqué,
en cuántas agonías se me cayeron de las manos.
Aislados, volvían a crecer torcidos.
El absurdo los obligaba a ser absurdos.
Poco importaba que ello no pudiera dolerles fuera de mí
si les dolía dentro de mí.
El populacho soñado oyó cómo llamaba “mamá”
a algo que saltaba chillando en una rama.
Hubo risas, ¡tener un padre con un lazo en la cabeza!
Me desperté avergonzada.

Y por fin.
Una de tantas noches,
de un vulgar viernes a un sábado,
llegaron de repente tal y como yo los quería.
Soñé con ellos, pero como liberados de los sueños,
obedeciéndose ya sólo a sí mismos y nada más.
En el fondo del cuadro se apagaron todas las posibilidades,
a los casos les faltó la forma necesaria.

Sólo ellos resplandecían hermosos, porque eran parecidos.
Pude verlos durante mucho, mucho tiempo, y felices.

Me desperté. Abrí los ojos.
Toqué el mundo como si fuera un marco tallado.

Wislawa Szymborska

sábado, 15 de octubre de 2011