
Un poema de José Villa (Camino de Vacas, Gog y Magog)
En el atardecer, el agua casi helada,
blanca, turbia
la corriente de brillos planos
cada vez más
rápida, los peces que no podemos atrapar
ni ver cerca de la orilla
donde nos lavamos los pies
del limo y la arena;
allí está la figura, alzo la mirada,
oscura, sobre la soledad
del agua, la estructura derruida del puente;
los últimos autos empiezan
a salir de la playa que de a poco
va tornándose más encendida y desierta,
que va envolviéndonos con sus olas blandas,
de hielo; los peces
se nos escurren en lo turbio
de la arena; empezamos a salir
a darle la espalda el río, las sombras quedan
como un gran abatimiento, los peces en el agua
petrificados en él
Humberto Costantini
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Cacho Álgebra
Trataré de demostrar
que los autos por la avenida Cabildo
ejecutan exactamente
la música de la soledad.
Admitamos
un aséptico bar,
con ...
Hace 16 horas
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