jueves, 11 de noviembre de 2010

Piatock

Pequeños textos (por cortos, apropiados para el blog) de un libro irreductible a ellos. Para leer entero. Difícil elegir, sacarlos del conjunto. No expresan parte mínima de lo que es el libro en su diversidad de temas, símbolos, la alternancia de voces . Un misticismo  atravesado por el discurso marxista, el uso exquisito de la lírica intervenido por un registro humorístico muy fino. El tono  cercano, íntimo, afectivo.Una estructura casi teatral, confeccionada en base a pequeños monólogos. 

"La academia de Piatock", de Alberto Szpunberg. Lo pondría entre lo que más me gustó de lo leído este año, si la palabra "gustar" pudiera expresar algo de lo que me hizo sentir su lectura.
Podría agregar: libro que debe perdurar, que se recorta como obra, que pone claridad con su lúcida mirada. Y libro libre, de esos que un poeta escribe cuando sabe, cuando tiene los recursos para decir lo que quiere, como quiere y no podría atarse ya a ninguna cosa.

Chapeau para don Alberto, que además de todo (y antes) acompaña su escritura con una actitud de la que siempre espero aprender.







A Victoria y Sabina, mis hijas
A Shila, la perra
A Tula, la tortuga
A Manolín, la lagartija
A los compañeros de la Brigada
HABLA PIATOCK

Yo, Piatock, vi muchas cosas en mi vida:

en vísperas del día más terrible de todos los días, asistí al parto de un cordero de dos cabezas:
con la una asentía, con la otra negaba, pero en sus cuatro ojos brillaba
la misma única mirada de los que de una u otra forma van a morir.

Yo sentí que los cuatro ojos me miraban
y aún humedece mis ojos la misma única mirada.

REB ARIEH LEIB BEN NAFTULE REPASA EL LIBRO DE LOS DÍAS

Ahora me doy cuenta de que el estallido de la luz y el estallido e la sombra, aunque opuestos, o precisamente por eso, tienen en común un estallido y que entre uno y otro media tan sólo un parpadeo,
pero ayer, viernes por la tarde, aunque me cubrí los ojos con la mano al encender las velas e inclinarme,
sentí que el sol se ponía lentamente en mi corazón como si llevase su tiempo entornar el más largo de mis días:

¿qué es lo que el ojo ve en un parpadeo sino la fugacidad de su mirada?



REB ARIEH LEIB BEN NAFTULE REPASA EL LIBRO DE LAS MIRADAS

Ahora me doy cuenta de que tanto una mota de polvo como la infinitud de la tierra prometida, todo se cuela por el leve parpadeo,
y hasta la tierra que es polvo y la promesa que se hace polvo, todo es un cuerpo extraño e intercepta la luz
y todo por igual llena de lágrimas la pupila hasta limpiarla, pero sólo tras el llanto la visión se aclara.

Cuando el ojo de agua se seca,
hasta el sueño más hermoso conduce a la ceguera.


EL OBRERO DEL VIDRIO ANALIZA LAS CONDICIONES OBJETIVAS DEL MILAGRO DE LA COPA

¿De qué milagro me hablan si soy yo quien carga todo el desierto sobre mis hombros y luego vuelco su arena en el crisol y recojo el líquido ardiente en el molde y le doy la forma de mi sed y pulo su hueco como el vacío de mi

hambre y aún sangra en la palma de mis manos el recuerdo de la astilla más pequeña?

¿De qué milagro me hablan si cada vez que toco la realidad
hasta el aire es áspero y mis caricias siempre dejan huellas y hasta a veces si, sin querer, hacen daño?

¿De qué milagro de la copa me hablan, si es una maniobra de la fábrica de vidrios y cristales Glasserman Hnos., cuyas acciones suben o bajan según me hundo o emerjo, pero siempre con el desierto a cuestas, con esa transparencia en los ojos, esa redención, ese espejismo que hiere y se aleja, siempre se aleja?


REFLEXIONES EN SOL MAYOR DEL CABALLO DE PIATOCK

Piatock y yo hacemos juntos los mismos caminos, tenemos el mismo destino, somos parte del mismo carro, nos salpican los mismos barros, pero "llévame contigo, corramos" oí que me decía Piatock una tarde, y eran versículos del mismo rey que habla conmigo tan claramente como yo relincho con ustedes, y olí la pampa húmeda de golpe y vi todo el trigo hasta juntarse con el cielo y sacudí las crines y alcé mis patas y corcoveé y pateé y grité a mi manera el cantar de los cantares, hasta que oí sobre mi cabeza el restallido del látigo, y mordí la brida, y nunca, carajo, nunca fue tan fuerte el metal, nunca tan duro.


EL TENDERO PROCLAMA SU NEUTRALIDAD

¿Para qué más?, pregunto yo, que sostengo entre mis manos toda la dulzura del té:
afuera hace frío, afuera nevará en cualquier momento, afuera dicen que habrá guerra,
pero en el trastero hay leña para varios meses, en la pared martillea el reloj, da siempre la hora exacta,
y en la foto, donde luce de blanco mi hija, apenas si se ha detenido su péndulo constante.


HABLA PIATOCK

Yo, Piatock, vi muchas cosas en mi vida:
hubo un día en que todos se tapaban la nariz y evitaban respirar y miraban para otro lado
pero hundí mi horquilla en el pozo ciego y saqué lo que saque´, pero entendí que eso, por qué no, también era un destino.


EL CABALISTA ANDANTE DESCIFRA LA PIEDRA DE LA LOCURA

A veces, incluso en medio de una mirada, tropiezo de golpe con la palabra piedra y me desvío dos sílabas del camino: la erre es pétrea, y si no fuese por la tibieza de la mano que escribe suave musgo, oh, suave musgo entre las grietas de las piedras, el desconcierto del corazón sería suficiente como para perderme en la locura: entonces me inclino y cierro los ojos y aun algo de piedad siempre se encuentra entre las sílabas más duras, y es más lapidaria la escondida mano que escribe la palabra piedra que el que las arroja, especialmente si lo hace al centro infinito del agua, para que las ondas se extiendan y desborde de una vez por todas la fuente de las lágrimas.



Alberto Szpunberg
La academia de Piatock