viernes, 21 de mayo de 2010

Otras vidas



Todos llevamos en nosotros otras vidas
como figuras blancas en lo alto de la noche
como un bosque de huecos iluminados.

Se han adueñado de algún espacio de nuestro tiempo
y en algun momento sólo vivimos para ellas.

Juana Bignozzi
( fragmento de "Mi sangre", "Tierra de nadie")

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

Wislawa Szymborska
(fragmento de "Amor a primera vista")


Fotografías:
1 y 2, "invocación, contraseña, augurio, bienvenida, machete", en la puerta de la casa de una amiga hermana
3, en Colonia, "La Rosa Oriental"

miércoles, 12 de mayo de 2010

Liebres con gestos, pájaros con redes

Actualizo post del 2008 (qué vaga!)

Un poema de Girri que leí/ me leí hoy


Que tu mirada vaya
dejando de separar
impresiones sensibles, afectivas,
de las meras formas,
y resbale, no coherente,
a despojar de relieve lo que encuentre,

indicaría cómo pierdes
el dominio sobre ella,
paralizado también
tu cuerpo en lo que hasta ahora fue:
manifestación y participación,
y en suspenso
la rutina del hablar y el pensar,
la exigencia de que hablar
y no pensar no se puede,
ni pensar callando.

Y más aun haría patente
un empezar a abandonarte
a lo suelto y espontáneo
como viento, como corriente,
viento y corriente,
no ya situaciones fijas, inmovilidad objetiva,

no ya dilemas,
sino un calmo estar
en el que te permitas verte
cazando pájaros con redes,
liebres con gestos,
irreflexivamente.

Alberto Girri



Fotografía: Norah Jones en My blueberry nights, de WKW

martes, 4 de mayo de 2010

lunes, 3 de mayo de 2010

Vencer a las rosas


Francis Ponge
La palabra ahogada bajo las rosas

Una rosa, ya de por sí, es excesiva, como varios platos superpuestos ante un mismo comensal.
Es excesivo llamar a una hija Rosa, ya que es quererla siempre desnuda, o bien en traje de noche, como cuando enrojece bajo las arañas de cristal, perfumada por muchos bailes, radiante, emocionada, húmeda, cubierta de gotitas y con las mejillas como fuego; coloreada lo mismo que un biscote tostado por el horno.

La hoja verde, el tallo verde con reflejos de caramelo y las espinas —¡Santo Dios! ¡De aspecto muy distinto al caramelo!— de la rosa, son de gran importancia para el carácter de ésta.


Existe una forma de vencer a las rosas, parecida a lo que se hace cuando se ponen espolones de acero a los gallos de pelea, para ir más rápido.

¡Oh, infatuación de helicoidogabalescas petulvas! La rueda del pavo real es también una flor, vulva con cáliz..., prurito o presunción: el adular hace abrirse, hincharse, entornarse. Y ellas hacen pinchar sus adornos, sus enaguas, sus bragas...
Esta sería la sustancia de las flores: una carne mezclada con sus ropajes, como modelada toda ella de satén. Cada una, a la vez vestido y muslo (seno y blusón, además) se puede coger entre dos dedos —¡en una palabra! tocar como tal; acercar, alejar de la punta de su nariz; abandonar, olvidar y volver a coger; preparar, entreabrir, mirar— y marchitarse en la necesidad de una sola equimosis terrible de la que ya no se levantará: con acre valor efectúa una especie de vuelta a la hoja —el amor emplea, en cada muchacha, por lo menos, algunos meses hasta llevarlo a cabo...
¡Abiertas, al fin! ¡Calmadas sus crisis de neurastenia agresiva!Este arbusto batallador, erguido sobre sus espolones, y que hincha su plumaje, perderá rápidamente algunas flores...
Una superposición matizada por platillos.
Un levantamiento de tiernos escudos alrededor del pequeño montón, de un polvo fino, más precioso que el oro.

Las rosas son, en una palabra, como las cosas en el horno. El fuego de arriba las aspira, aspira la cosa que se dirige hacia él (fijaos en los soufflés)..., quiere pegársele; pero no puede avanzar más que hasta un cierto lugar: entonces ella entreabre los labios y le envía sus emanaciones gaseosas, que se inflaman..., así es como enrojece y ennegrece, luego la cosa hecha humo y se inflama en el horno: se produce como una eclosión en el horno y la Palabra no es más que...


Esta es, también, la razón por la que hay que regar las plantas, ya que los principios húmedos, sobornados por el fuego, arrastran a continuación suya los demás principios de los vegetales hacia su elevación.


Con el mismo impulso, las flores entonces destapan —definitivamente— su frasco. Todas las formas de hacerse distinguir les son buenas. Dotadas de una conmovedora enfermedad (parálisis de los miembros inferiores), agitan sus pañuelos (perfumados)...

Ya que, para ellas, en verdad, para cada flor, el resto del mundo parte incesantemente de viaje.


Francis Ponge
La palabra ahogada bajo las rosas

Traducción de Diego Martínez Torrón

Fotografía, Mar Azul, mayo 2010