viernes, 16 de abril de 2010

Región que no acaba


Después de un par de meses vuelvo empujada por estos poemas de Laura Alonso, de su libro "Tratado sobre huecos" (Estuario, Montevideo, 2009).


Sin asidero

no te sostienes
exacto
poema. A ningún hilo
te sostienes. A la lengua
de intentos. De aproximación
resbalas
por planos inclinados
del cielo. No te sostienes
al árbol,
al pájaro.
y te abres
a la madrugada desértica
del cuerpo. Desovas
puertas y más puertas
palabras
que se van cerrando
circulares. Espacios
redundantes. Ecos
del vacío.
y te caes. En caída
libre. Esfera
a la esfera. Espiral
insomnio.
y te cierras. Sin aire
no te sostienes
exacto
poema
del morir.


Sin territorio

no puedo decirte. No
puedo decirlo. No
araño el garguero
abismo,
lo que tiene forma de palabra
y No.

niña del lastre
que carga sus años. No
puedo decirla. No
tengo vocablo. No.

el hueco la traga,
me traga.
¿a dónde?

viene desde lejos. Lejanía,
coordenada antigua. Aparato móvil,
negador.

¿pie plano hunde plano?
Ortopedia para la palabra. Ortopedia
la palabra. Lengua cercenada.

rasgo-hiero-sangro-verbo.

todo nómade
se huye cóncavo. Se abate
perturbado.
el caracol come de sí,
la boca autofagocita el cuerpo,
los objetos se desinflan hacia su interior,
lunar invisible ahueca el papel.

todo se disipa en región que no acaba. No
puedo decirlo. No será lugar.


Laura Alonso


Fotografía: Bleu, de Kristof Kieslowsky



Fragmentos del mail que mandé a Laura, luego de leer su libro

Como en un espacio ingrávido donde todo es hueco, sí, y extensión; caída y pérdida, extensión para la pérdida, conocer el sinfondo de las cosas, esa lucidez que deja blanco el mundo y lo aplana y a la vez le da su espesor; la densidad donde las cosas asumen su plena presencia, porque ya no existen: nacen muriendo.

Ahí leí tu libro, en ese territorio donde nada puede asirse o detenerse y todo se ve con un ojo de lupa, con el ojo enorme que ve el transcurso simultáneo del mundo en su unidad, en su luz y su sombra, en su sombra.

En su atemporalidad es presente, puro presente de lo que no se modifica. Algo asfixiante envuelve, donde las cosas se socavan, se quiebran, colapsan, se hunden. Ese es el mundo, los movimientos del mundo. Un mundo interior en extremo y material hasta la violencia.

Bajo ese impacto, así estoy. No podría decirte ahora otras cuestiones, palabras más o menos necesarias en el texto, detalles mínimos, ¿qué importa eso?.

Es un libro sólido, oscura y límpidamente bello.

Qué decir frente a los huecos donde el tiempo existe en su extrema indefención, donde la muerte es una plena presencia y somos nosotros los insomnes, cuerpo que emana, se evapora, vuelve, observa, se despide y sigue.
Es un libro filoso, con palabras que disecan. Pero no prescinde de la ternura así como de cierta frescura, ese es su mérito. De otro modo sería paradójicamente frío en su intensidad, como ocurre tantas veces.

Dice “pájaro remueve corazón del aire” y trae aire y corazón para respirar y sentir, en una tierra vacía y absoluta, donde todo vive y todo está, ya, de algún modo, siempre, muerto.

Dice “narcótica/ sobre palabra alquímica. Frenesí/ en presencia de otros cuerpos/ hallé/ el hacer del agua..” Y está el agua, el hacer del agua, de lo vivo, del origen.

La muerte es “idea sin boca”, ausencia de palabras. Palabras que no pueden cambiar lo irremediable, no tienen lugar, no “son” lugar. Son transcurso, estadía, consciencia de esa estadía y esa imposibilidad. Traducción de una idea abarcadora e incambiable.

Es eso, “nada más. Proximidad”. Extrema proximidad, extrema consciencia. Eso es la poesía. Eso es el mundo que la poesía traduce, casi criminal, obscenamente.

¿Cómo escapar a esa consciencia, cuando se la tiene?

Si vamos a caer hacia “ningún adentro”, que sea en el terreno/en el fuego de nuestras pasiones. Aunque de ellas reneguemos e intentemos sustraernos de la entrega que requieren. ¿Será que la misma pasión por la vida motiva tamaño enojo frente al Todo Imposible?

“cuando escribo una palabra/ otra se suelta”. Una tarea ardua, agotadora. Un hacer inacabado y minucioso, un movimiento desesperante de lo que no se controla. Lo que ya tiene vida.

“Todo se disipa en región que no acaba” es tan tan bello que no quiero agregarle nada.

“interrogación de un ave extranjera que canta muy bajo”, esa es tu lengua. La que cantando bajo grita, la que se hace cercana desde su extrañeza. La que preguntando responde.