viernes, 31 de julio de 2009

Ayer, en Fedro

Preciosa la mesa de julio.
Encuentro concurrido y luego, una mesa larga en Caracol, divertida.

Juan García Gayo

Lidia Rocha


Laura Chalar


Gabriel Cortiñas











La previa













Comidita en Caracol









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lunes, 27 de julio de 2009

Jueves: cuarto encuentro 2009. Poesía en Fedro.

Los invitamos a un nuevo encuentro
del Ciclo de poesía en Fedro

Nos encontramos en nuestro habitual espacio
para escuchar a:

Juan García Gayo, Lidia Rocha
Laura Chalar (Uruguay) y Gabriel Cortiñas

Jueves 30 de julio a las 20
en FEDRO: Carlos Calvo 578

Coordinan el ciclo:
Florencia Walfisch
Ana Lafferranderie
poesia@fedrosantelmo.com.ar

sábado, 18 de julio de 2009

Oración del Remanso

Porque mañana me voy unos días (y eso es "remanso"), pero antes que eso porque Elena posteó esta belleza de canción y un comentario en su blog me hizo recordar un cassette donde tenía grabado, hace veinte años, de un lado a Saluzzi y del otro a Fandermole.
Y porque Fandermole es un compositor notable que me deja quieta, mirando lugares inclasificables donde encuentro siempre impulso y memoria. O un tipo de memoria que me hace bien.

Oración del Remanso, en dos versiones
Jorge Fandermole en vivo
otra con mejor audio y fotos



Soy de la orilla brava del agua turbia y la correntada
que baja hermosa por su barrosa profundidad;
soy un paisano serio, soy gente del remanso Valerio
que es donde el cielo remonta el vuelo en el Paraná.

Tengo el color del río y su misma voz en mi canto sigo,
el agua mansa y su suave danza en el corazón;
pero a veces oscura va turbulenta en la ciega hondura
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.

Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.

No pienses que nos perdiste, es que la pobreza nos pone tristes,
la sangre tensa y uno no piensa más que en morir;
agua del río viejo llevate pronto este canto lejos
que está aclarando y vamos pescando para vivir.

Llevo mi sombra alerta sobre la escama del agua abierta
y en el reposo vertiginoso del espinel
sueño que alzo la proa y subo a la luna en la canoa
y allí descanso hecha un remanso mi propia piel.

Calma de mis dolores, ay, Cristo de los pescadores,
dile a mi amada que está apenada esperándome
que ando pensando en ella mientras voy vadeando las estrellas,
que el río está bravo y estoy cansado para volver.

Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones.

Fuente: musica.com

Jorge Fandermole

miércoles, 1 de julio de 2009

El desalojo


Un poema de Manuel J. Castilla
Antología Poética El gozante (Colihue)
de Triste de la lluvia (1977)


El desalojo

Yo lo encontré una tarde al desalojo.
Estaba en la vereda, en mueble y otro mueble amontonado,
su corazón desparramado y quieto.

Botado con sus cosas querendonas
se dejaba mirar como una granada abierta, volteada por el viento.

Nadie vio
su tanta desnudez tan destapada.

Nadie leyó
en el misal a la intemperie
estas palabras y su voz pedigüeña:
"Arcángel San Miguel
líbrame de enemigos
y acompáñame a la sombra de Dios".
Eran rezos de anciana, esos. Y húmedos.
Temblorosos deseos a destiempo de la desalojada.
Eso era el desalojo.

Y era
una cocina negra de latón, apagada.
De sus hornallas
volaba la ceniza
en el aire inocente de la calle.

Lo sacaron del fondo de la casa
a la fuerza, rameándolo
de donde estaba quieto, encariñado.

Salió de sus begonias llenas de escalofríos y manchadas,
entre los curanderos ramos de la ruda
junto al ángel lloroso del visillo.

Su Jesús enseñaba con la mano derecha
su corazón llagado desde un cuadro
y unos ojos sin culpas, de corderos.

Después vi su fatiga
en un botinero entre cretonas apagándose
polvosos, sus zapatos cansados.

En sus cajones
vi horquillas de mujer olvidadas
y el cisne de una polvera, por morirse
unas guindas sin sangre
en la capelina de un sombrero
como una juventud antigua, enamorada.

Vi el azul de lavar, angelicado, de otros días,
desvanecerse en la batea de algarrobo
con un olor cansado de mujer.

Todo eso estaba dentro de la entraña
rota del desalojo.
La mesa sin el vino, en la calle y sus panes
y sin cuchillos y sin tenedores,
la silla con su ausente
y el ropero colgando sus vestidos vacíos
viendo por lo espejos pasar indiferente
el cielo azul y hermoso de la tarde.

Manuel J. Castilla