jueves, 11 de diciembre de 2008

Desagüe a cielo abierto

Poemas preciados de Héctor Viel Temperley, a los que volví hoy - ¿alienada yo?- para conectar conmigo.. ("... el sol como una zona que me había olvidado; el sol como un golpe de espuma en mis confines..." )

La sal

Pasé una vez la lengua
por la sal
de un zapato.
Por la sal de un zapato
me partieron las hélices.

Ahora quiero
que sólo el mar
sea el mar,
sólo su sal
la sal.
Que no me quede chica.

Me queden grandes
las playas que camino,
los huesos que recojo
como hélices blanquísimas.
Los ojos inocentes
del pequeño
elefante marino
me queden grandes,
porque son inmensos.


Ahora vuelo tan rápido

Ahora vuelo tan rápido
que bastaría que rozara con la uña
una cabeza de alfiler
para estallar en mil pedazos.

Antes prefería volar lento
y bajo.
Pasaba sobre las copas de los árboles
y veía a mi padre y a mi abuelo conversando.

Yo pasaba con miedo de que me vieran.
Pero nunca levantaban la cabeza.


Me aburro como un león


Me aburro como un león
fuera de África.

Yo no nací, sino que por el vientre
de mi madre
pasé del África a este zoológico
policial de la vida.

Mi padre nunca pudo entrar
más allá del vientre de mi madre.
De modo que mi padre
no pudo ser mi padre.


Hospital Británico
Mes de marzo de 1986

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre vino al cielo a visitarme.

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas. Soy feliz. Me han sacado del mundo.

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara - en Tu llanto- para comenzar todo de nuevo


Hospital Británico

¿Quién puso en mí esa misa a la que nunca llego? ¿Quién puso en mi camino hacia la misa a esos patos marrones - o pupitres con las alas abiertas - que se hunden en el polvo de la tarde sobre la pérgola que cubrían las glicinas? (1984)


Larga esquina de verano

¿Nunca morirá la sensación de que el demonio puede servirse de los cielos, y de las nubes y de las aves, para observarme las entrañas?

Amigos muertos que caminan en las tardes grises hacia frontones de pelota solitarios: El rufián que me mira me sonríe como si yo pudiera desearla todavía.

Se nubla y se desnubla. Me hundo en mi carne; me hundo en la iglesia de desagüe a cielo abierto en la que creo. Espero la resurreción - espero su estallido contra mis enemigos- en este cuerpo en este día, en esta playa. Nada puede impedir que en su Pierna me azoten como cota de malla - y sin ninguna Historia ardan en mí- las cabezas de fósforos de todo el Tiempo.

Tengo las toses de los viejos fusiles de un Tiro Federal en los ojos. Mi vida es un desierto entre dos guerras. Necesito estar a oscuras. Necesito dormir, pero el sol me despierta. El sol, a través de mis párpados, como alas de gaviotas que echan cal sobre toda mi vida; el sol como una zona que me había olvidado; el sol como un golpe de espuma en mis confines; el sol como dos jóvenes vigías en una tempestad de luz que se ha tragado al mar, a las velas y al cielo. (1984)

Héctor Viel Temperley
De sus Obras completas (Ediciones del Dock)