martes, 16 de septiembre de 2008

Del rey desnudo

"el mismo crimen acerca
a la reina dormida apuñalada
al infante devorado por el fuego
al hombre en extravío y su desierto de culpa"

Versos de "mateo", del libro "Del rey desnudo", de Graciela Zanini.

Un libro "secreto" (así lo nombra su autora), que obtuvo el Primer premio Nacional de Poesía Iniciación 1993/1994, de la Secretaría de la Nación.
Me resultó atrapante.

Algunos poemas completos:

maría magdalena I

celebrada en altares sin prodigios sangrientos
mi fe no inmola a nadie es apenas instante
donde la eternidad cava su madriguera

hendija en el misterio
mi comunión alberga maravillas humanas
culpas resplandecientes

yo le pertenecí desde que éramos niños

es cruel amar a un dios
que da su corazón a un ejército ebrio
para que sean cumplidas antiguas profecías

en mi cuerpo tatuado que no pidió salvarse
leyó como en un libro su destino
y el temblor de sus manos reveló un imposible

la mirada de infancia regresó
se detuvo en sus ojos un tiempo sin medida
y pude adivinar tanto horror en el alma
del bello nazareno que agonicé con él
y conmigo los hijos que nunca pisarían
tierra de Galilea

maría

en esta tierra injuriada
que sin preguntas sorbe ávida
la sangre de sus hijos
bajo un cielo enfermo
vaciado de mercedes
mudo a plegaria o sacrificio
planea majestuosa la rapiña de Roma

no es miedo lo que vuelve mi paso vacilante
tristeza es
congoja sin medida

hay dentro de mí una música extraña
y obstinados alrededor
los ruidos que la piedad produce

cómo decir
necesito el amor que puedan darme
y todo su silencio


amantísima

ninguna posibilidad de error me es propia
mi voz oscura a veces cobija a todos a todos habla
por ella seréis bendecidos

había un valle pobre territorio de maquinación y desvelos
allí confinaron las sombras al Hombre Triste
nunca advirtió mis caricias
sobre su espalda devastada por el miedo

ah si su pena no lo hubiera ensordecido
otra sería la conciencia del límite

las voces ascendían hasta casi tocar el filo de mis vestiduras
pobres de aplacar desolaciones como nácares
repetidas cual conjuros de ignorada fuerza

una extraña raza me es fiel hasta la demencia
con sus gargantas rotas
desangrados por la verdad no deseada
me invocan cuando las luces han partido