miércoles, 30 de julio de 2008

Jueves en Fedro: cuatro poetas

Este jueves 31 de julio, a las 20 hs.,
leen en Fedro:
Daniel Durand, Mercedes Cebrián (España)
Eduardo Ainbinder y Claudia Prado

Fedro San Telmo
Carlos Calvo 578
4300-7551

Coordinan el ciclo: Florencia Walfisch Ana Lafferranderie


Eduardo Ainbinder (Bs. As., 1968).
Participó de la revista 18 Whiskys y codirigió a principios de los 90 las ediciones de poesía Mickey Micheranno y Jimmy Jimmereeno. Publicó en 1990 su libro Nené. Posteriormente, las plaquetas Carreras tras la fealdad, Larga vigilia teórica de mortales y ratones e Insecto adulto. En las secciones de Amadeo Mandarino: La comidilla de todos y Mi descubridor. En 2007 publicó su libro Con gusano (Interzona editora). Actualmente edita la revista Tupé

Mercedes Cebrián (Madrid, 1971)
Autora de: El malestar al alcance de todos (Caballo de Troya, 2004. Relatos y poemas), el poemario Mercado Común (Caballo de Troya, 2006). y 13 viajes in vitro (Blur, 2006. Crónicas).
Colaboradora del suplemento de viajes del diario El País desde 2006. Sus textos también han aparecido en Babelia (suplemento cultural de El País), Cultura/s (suplemento cultural del diario La Vanguardia ), Quimera, Turia, Revista de Occidente y Diario de Poesía (Argentina). Escritora residente en la Academia de España en Roma en 2006/2007.

Daniel Durand (Concordia, 1964).
Fundador de la Revista “18 wiskys” y de Ediciones Deldiego. Traductor y colaborador en distintos medios culturales.
Libros publicados: La maleza que le crece (Amadeo Mandarino,1999), El Krech (Deldiego, 1998); Vieja del agua (Deldiego, 2000), Segovia (Poesía. com, nro. 8), El cielo de Boedo (Gog y Magog, 2004), El Estado y él se amaron (Mansalva, 2006) y Ruta de la Inversión (Ediciones Gog y Magog, 2007). Integra las antologías de poesía, Poetas, autores de fin de siglo (desde la gente, 1995) y Poesía en la fisura (del Dock, 1995)

Claudia Prado (Puerto Madryn, 1972)
Vive en Buenos Aires. Publicó El interior de la ballena (Nusud, 2000), Aprendemos de los padres, un libro de collages y poemas realizado junto al artista plástico Víctor Florido, (Rijksakademie van Beeldende Kunsten, 2002) y Viajar de noche (Limón, 2007).
Trabaja, junto a otras personas, en un documental sobre el poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero. Participa del proyecto artístico y social Yo no fui.

domingo, 27 de julio de 2008

Puerto calcinado


Escuché a Andrea Cote (Barrancabermeja, 1981) el último día del Festival "Salida al mar".
El marco de los festivales suele ser poco propicio a la emoción: esas luces blancas, esas mesas largas, esos espacios amplios donde la gente circula más de la cuenta. Sin embargo, cuando algo ocurre en la lectura, el clima se genera y el contacto se produce.
Eso me pasó con esta buena poeta colombiana. (No sólo me ocurrió a mí: Paula Aramburu la menciona en su blog, por haberla escuchado en Rosario y la impresión fue coincidente entre varios amigos que estaban en la lectura de Buenos Aires).
Me gustaron los textos de Andrea, una atmósfera donde las cosas y los hechos tienen un fluir propio, paralelo a lo visible o aparente y que sólo el poema/ el poeta atisba, reconoce, anuncia, delata...
Escuché textos logrados, una eficacia sutil para rematarlos y una manera de leer que captura la atención. Pero sobre todo me conmovió el primer poema que traigo acá, que - cuando hablé con ella - recordé como: "el del río". Le pedí su mail y los textos, ya que no se consiguen por aquí en forma de libro. Ahora los tengo y al leerlos, crecen. Aquí van tres.


Puerto quebrado

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado,
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.

Si supieras
que el río no es de agua
y no trae barcos
ni maderos,
sólo pequeñas algas
crecidas en el pecho
de hombres dormidos.

Si supieras que ese río corre
y que es como nosotros
o como todo lo que tarde o temprano
tiene que hundirse en la tierra.

Tú no sabes,
pero yo alguna vez lo he visto
hace parte de las cosas
que cuando se están yendo
parece que se quedan.


Estación de luz

Verás, es tu ciudad o mi ciudad que no descansa,
en la que siempre hay algo a
punto de venirse abajo. Por ejemplo, la lluvia —
derrumbada en ese sitio donde
estuvo la luz— ya sabes; o los árboles quemados
de cielo a media tarde,
aniquilados como pájaros que se lanzan desde
el aire y caen en los parques,
arrastrando desde arriba hasta aquí la manía
de caer. Porque es verdad que es mi ciudad,
que es del otoño, la casa misma de todo lo que
lentamente se desploma hastiado de durar
en el aire y la intemperie de la luz.
Verás, aquí es el sitio de las cosas desplomadas,
el lugar donde nos fascinamos
con el desmoronamiento paulatino de los muros
que inician con el tiempo el descenso hacia
sí mismos, simplemente, y con el único fin de
vernos sucumbir ante el encanto de las casas
derrumbadas, tan sucias o tan viejas
—nos da igual— cuando sólo nos importa
que las casas enfiladas habrán de caer
—como también se caen las tardes de su luz—
porque esta ciudad, que es del otoño,
es la casa de las cosas que siempre son más
bellas cuando están a punto de acabar.


Llanto

María,
hablo de las montañas en que la vida crece lenta
aquellas que no existen en mi puerto de luz,
donde todo es desierto y ceniza
y es tu sonrisa gesto deslucido.

Allí es enero el mes de los muertos insepultos
y la tierra es el primer cadáver.
María,
¿No recuerdas?,
¿No ves nada?
Allí nuestras voces son desecas
como nuestra piel
y se nos queman los talones
por no querer saber
de las casas incendiadas.

Hablo María
de esta tierra que es la sed que vivo
y el lecho en que la vida está enterrada.

Piensa María,
en que esto no es vivir
y la vida es cualquier otra cosa que existe
húmeda en los puertos donde el agua sí florece,
y no es hoguera cada piedra.

Acuérdate, María,
que somos
pasto de perros y de aves,
somos hombres calcinados,
cortezas vacías
de lo que éramos antes.
¿De qué estás hecha?, niña mía,
por qué crees que puedes coserle la grieta al paisaje
con el hilo de tu voz,
cuando esta tierra es una herida que sangra
en ti y en mí
y en todas las cosas
hechas de ceniza.

En nuestra tierra,
los cuervos lo miran a uno con tus ojos
y las flores se marchitan
por odio hacia nosotros
y la tierra abre agujeros
para obligarnos a morir.


Andrea Cote Botero (Barrancabermeja, Colombia, 1981)
Su libro "Puerto Calcinado" (Universidad Externado de Colombia, 2003) fue Premio Nacional de Poesía Joven de la Universidad Externado de Colombia y Premio Mundial de Poesía Joven "Puentes de Struga", otorgado por la Unesco y el Festival de Poesía de Macedonia.
Es colaboradoradora del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

jueves, 24 de julio de 2008

Guie´ yaase´

Natalia Toledo Paz nació en Juchitán, Oaxaca ( México), en 1967. Es poeta bilingüe (zapoteco- español).
La conocí en el viaje a México donde tomé las fotos de la entrada anterior. Una mujer potente, expansiva, chispeante. Una poeta delicada, que nos dimos el gusto de escuchar ese mismo año en Fedro. Otros la escucharon en el festival de Rosario.
Va y viene por el mundo, gran parte del tiempo. Estos poemas son de su libro "Guie´yaase´"/ "Olivo negro" (CONACULTA, Dirección General de Culturas Populares Indígenas, 2005) .

Para T. S. Elliot

De mis manos crecieron flores rojas
largas y hermosas,
cómo olvidar el miedo con que fui despojada.
Caminé con las manos
y metí mi cuerpo donde había lodo
mis ojos se llenaron de arena fina.
Me llamaron la niña de los nenúfares
porque mi raíz era la superficie del agua.
Pero también fui mordida por una culebra
apareándose en el estero
y quedé ciega, fui Tiresias que recorrió sin
báculo su historia.
¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas
brotan de estos cascajos?
tal vez soy la última rama que hablará zapoteco
mis hijos tendrán que silbar su idioma
y serán aves sin casa en la jungla del olvido.
En todas las estaciones estoy en el sur
barco herrumbrado que sueñan mis ojos
de jicaco negro:
a oler mi tierra iré, a bailar un son bajo
una enramada sin gente,
a comer dos cosas iré.
Cruzaré la plaza, el Norte no me detendrá, llegaré a tiempo
para abrazar a mi abuela ante que caiga la última estrella.
Volveré a ser la niña que porta en su párpado derecho
un pétalo amarillo,
la niña que llora leche de flores,
a sanar mis ojos iré.

Versión en zapoteco


Tradición

Hubo quien probó el mosto de tu piel,
te caminó de la cabeza a los pies sin abrir los ojos
para no descubrir el resplandor del sol.
Hubo quien sólo pellizcó la comida
y no quiso beber el chocolate de los compadres
y el pozol de semilla de mamey.
Hubo quien colgó en la puerta de tu casa una olla rota
y no quiso pagar la fiesta.
No supieron los tontos que una flor caída al suelo
sigue siendo flor hasta su muerte.



miércoles, 23 de julio de 2008

San Miguel de Allende

Con la proximidad de un viajecito, vienen recuerdos de otros lugares a los que se desea volver. Y como por aquellas tierras acaba de nacer mi sobrina Greta y yo quisiera encaminar mis pasos para verle los gestos (copiarle la tibieza), traigo fotos de México que tomé en el 2006.

San Miguel de Allende
Agosto de 2006












En una siguiente entrada, poemas mexicanos.

lunes, 21 de julio de 2008

Desde que echaron

Poema de Eduardo Ainbinder, que me deslumbra y elijo entre muchos.
Está en su libro "Con gusano" (Interzona, 2007) ; es parte de la serie "Carreras tras la fealdad" (1995-1996)


Desde que echaron
a rodar la bola: pelota cuadrada,
su única travesía ha sido rebotar de pared a pared
en su infierno privado
donde vivió una eternidad cautivo, flagelándose.
Sin embargo, un infierno privado
nunca estuvo confinado a una sola habitación;
más se parece a una caravana extendiéndose
de confín a confín,
a una contramarcha que mil veces se cruza
con la marcha del mundo
para volver, con malas noticias del mundo,
al cuarto que le es propio: la mente que lo engendró
y ser ahí reconcentrado contrapunto
equivalente a una ratonera precedida por un jardín;
si es que un jardín puede anteceder a una ratonera
y un ratón, atareado, chocándose con tallos y espinas,
atravesarlo como a un paraíso incomprendido
y que esa sea su única travesía terrenal,
si es que una mente puede desprenderse
de las imágenes de su infierno privado;
como el paraíso expulsa al salvaje,
o el infierno rechaza al beato.

sábado, 5 de julio de 2008

Eléctrica (y férrea)


Preciosos textos de Magadalena Ferreiro, con quien compartimos doble origen: uno oriental y otro forjado en el hierro (tal como verifican nuestros apellidos; tal como revelan su daga y mi fragua...)
Además, nos acerca la pasión por la poesía y seguramente más cosas, que iremos descubriendo.
Ella en Canadá y yo en Buenos Aires, hemos encontrado este puente de palabras.

Eléctrica

Eléctrica, mágica, lúcida. Te veo ahora como siempre fuiste: inmortal, amoral. Veo el pelo rojo, rojo, rojo, los bucles. Oigo aún la carcajada sarcástica: imposible no oírla, imposible no saber de tus tacos zahirientes al largo pasillo del quinto piso.
Diabólica, célibe, mórbida. Ay, tu perfume ambarino y tus tonos plácidos. Ay, tus madejas de ágata, araña. Lo sabías todo sin dudar jamás, sin estatuas de sal, jueza impertérrita. Y al centro tus listados, tus largos plazos, tu nouvelle cuisine trabajando así, apartando graciosamente con uñas finas a todo acólito, toda hembra, todo obstáculo en el territorio marcado. Sí, tu territorio señalado, el espacio del mapa que germina bajo la gamuza acariciante de tus pies.
Impávida, única, pálida. Te veo ahora como serás siempre: un personaje. Algo nacido para estas páginas que te inquieren, se demuelen, te disecan y aún no entienden nada. Porque puede pasar tiempo, todo el tiempo, y nunca entenderemos qué pasó.

(de Trinitaria)


Cena blanca

Quería elegir el manto,
la esclavina de seda,
pero ya bajo, ya corro,
ya me acorazo, me habillo.

Alguien me toca
con peine envenenado,
con pasador de hueso.
Si ya me iba...

Vías carrozables.
Calabaza
de los ojos sangrantes.
La lucerna vidriada.

Otra vez yo.

(inédito)


Hondura

Me adormilo
en brazos ásperos de tiento.

Cada herida tiene su tafetán.

La laguna
aún huele a invierno vivo.

Mido a cuerpo de hombre
la hondura de las aguas.


(Inédito; la traducción al inglés de Laura Chalar fue publicada en Versal 6)


Magdalena Ferreiro, poeta y narradora uruguaya.
Obras: Trinitaria (Montevideo, Banda Oriental, 2001) y Villa de Niebla (Montevideo, ArteFato, 2004).
http://dagadefuste.blogspot.com/


jueves, 3 de julio de 2008

Caldén


Los invitamos a la presentación del libro de poesía Caldén, de Gerardo David Curiá, el viernes 4 de julio, a las 19, en el Centro Cultural de la Cooperación, Sala Jacobo Lacks, Corrientes 1543.

Apertura: Marcos Silber (editor de El Mono Armado)
Entrevista: María Malusardi
Diapositivas: Ariel Muñoz
Música: Alfredo Morelli
Entrada libre y gratuita
*

Huitru

El monte, tambor de potros,
lagunas de sal

Hacia la noche su valentía

We mapu peñi

La distancia,
tiempo en la piel desgarrada

¿Quién hostiga a Huitru?
La soledad sentada sobre las tolderías.

Caiñe caiñe caiñe

En las cuentas del saqueo
dolor por la perdida huella.

Por los ausentes
cruza la derrota
y no es la herida su aliento.

We mapu peñi

¿Por qué los dioses eligen
la forma del árbol
para el descanso de los perseguidos?

Huitru

Bravo en la fuga hasta la sed.
Negra de estrellas es la arena.
Héroe es el desierto

Peñi mapu we

Desligar las ataduras
atarlo a la tierra.
Salvarle la muerte.

Guitu Wuta Chao

Música del viento para el que muere

Guitu Wuta Chao

Golpe seco
cielo sin nubes
y el Dios
es el verbo
la voluntad

Peñi we mapu

Ramas en ajuar de espinas
intemperie,
y en lo profundo
severas falanges hasta el agua.


Guitu Wuta Chao

En el tronco los caminos del daño

Huitru Pampa
Huitru Caldén.

*

--Glosario:
Caiñe: enemigo
Guitu wuta Chao: Fuerza de la naturaleza
We: Lugar
Mapu: tierra
Peñi: hermano

*

La Machi abre un cofre como un pozo en la tierra. La historia se derrama. Lo impredecible es el pasado.
Huitru. Sombra de vos. El poeta es una sed atravesada por la música de la tribu. Hilo de arena lo sostiene. Ceremonia de rastros en el verso. Voz doliente en ausencia. Hechicera cautiva. Reparte las astillas donde el cutral se enciende. Desde el agua, sola, erosiona la piedra. Lame palabras hasta el hueso. De palabras el viento y el árbol que lo vence. El héroe. La palabra lo empuña como si fuera lanza.
La Machi acuna una cabeza que tiembla en la memoria y la Pampa se sacia de su pérdida. Voz guerrera. El lenguaje es el arco y el silencio es la flecha.

Inés Manzano