lunes, 30 de junio de 2008

Las tablas de la ley

La lectura del jueves en Fedro (ver fotos post anterior) me dejó releyendo los libros de los poetas. Mientras leo y elijo poemas de María Malusardi para colgar en el blog, traigo este poema de "Demudado", libro de Cristina Domenech que leí el año pasado y me sigue conmoviendo. El sábado releí "Las tablas de la ley" en sólida y contenedora compañía, con quien comparto el deslumbramiento por algunas voces laterales.

Las tablas de la ley

A Delfina Goldaracena

Hay niños como águilas
que inventan las garras del tiempo
y tienen las manos como florcitas austeras.
No confiaba madrecita en mis versos
de manantial de agua inesperada. Desdecían
el escrúpulo del hombre que sueña
y no da de beber
para ser también madrecita tuya
y de todos los cielos de extramuros.
Pero un aire mundano
entorpece este incesante letargo
y la palabra es un aleteo de colibrí.
Yo trato madrecita de contar
cuántas veces se mueven las alas
en un solo minuto. Cansa mirarlo.
Si parece una estatua de arco iris
que liba su mismísimo cuerpito.
Yo soy lo que hice, lo que hago ahora
dentro de los siglos que no vienen.
No hay división divina diva
madrecita tu ternura de horas que consumen el futuro.
Nací para serte madre.
No me dejes morir
como el agua que huye río abajo
eterna entre las piedras y el sol.
No te quemes con este destierro a destiempo.
No destejas la mortaja que hicieron mis manos
cuando labraba la huerta de los hijos.
En las monedas que guarda la tierra está la palabra.
Y no dirá nunca qué soy
cómo llegué al mundo, cómo me fui.


Cristina Domenech
"Demudado", (airediseño ediciones, Buenos Aires, 2007)