martes, 15 de enero de 2008

Poesía y música en el Botánico


ENTRE ARBOLES
Ciclo de poesía y música en el Botánico

(al lado del invernadero de cactus - entrada por Rep. Árabe Siria)

Cronograma:

Miércoles 16 de Enero - 20.30hs puntual

Poesía: Ingrid Pelicori lee a Juan L. Ortiz
Victoria Schcolnik
Guadalupe Wernicke

Música: Mariana Baraj
Luz de agua

Y el ciclo sigue todos los miércoles hasta fines de febrero!

miércoles 23 de enero
Poetas: Osvaldo Bossi, Paulina Vinderman y Eduardo Mileo
Músico: Mono Fontana

miércoles 30 de enero
Poetas: Teresa Arijón y Florencia Walfisch y Mercedes Araujo
Músico: Sergio Bulgakov

miércoles 6 de febrero
Poetas: Ana Guillot, Juan García Gayo y Emmanuel Taub
Músicas: Mariana Melero y Maria Heinen

miércoles 13 de febrero
Poetas: Gerardo Jorge, Pipo Lernoud y Romina Freschi
Músicos: El pony infinito

miércoles 20 de febrero
Poetas: Claudia Masin, Paula Jimenez y Cinthia Torino
Músico: Manuel Ochoa

miércoles 27 de febrero
Poetas: Susana Villalba y Andi Nachón
Músico: Lisandro Aristimuño

viernes, 11 de enero de 2008

Podría marcharme


Dos preciosos poemas de Myriam Rozenberg

La belleza en occidente

Un hombre y sus señales de humo
no vas a llegar
y ella sin temblores, alas en los pies, alcanza el cielo
ten cuidado con mis labios
porque ellos nunca se equivocan
se humedecen

después un vaso que se llena
shhh quiero escuchar tu corazón
mientras él describe un túnel
de este lado está todo iluminado

ella se alimenta de su voz y piensa
sé que tu mano busca por debajo
por donde reverbero
entonces lame la cajita de cristal
que se va abriendo para despertar su música

y así rezando, de rodillas,
comprende el viaje que hace el sol
para encontrar la belleza en occidente.


La partida

No voy a irme todavía
la casa es grande
cruje la madera y tengo que arreglarla.
Podría marcharme por las rutas
detrás de las estrellas y tus muslos
pero me atrapan la noche silenciosa
los gritos convulsivos de mi hermano
la rutina que me asedia con su desesperanza.

No puedo irme aún
detrás de la gordura de mi madre
está su amor
y su propia destrucción.
Ese peso es el vínculo fuerte que me ata.

Cuando ella muera
la casa será fuego y será tumba.
Entonces sí
partiremos con mi hermano
a rodar por los caminos
hacia instantes que traigan
cenizas más livianas
hasta que todo se haga simple
y respirable.



Fotografía: "Orgullo y prejuicio"

domingo, 6 de enero de 2008

Del citrus de tus manos


Critina Domenech, "Demudado". Airediseño Ediciones, 2007.


La noche habita las cocinas/ y cambia el modo de la mesa/ tendida para nadie.

¿Desde dónde se escribe?. ¿Desde la emoción, el impulso?, ¿desde la mesura?. ¿Desde la estirpe que quisimos, desde el viento que nos resta?.
Si se escribe desde la primera escalera: ¿cuánto hay de su mármol en la letra de los versos?
Si nos abandonan trastos y estrenos: ¿ continúa el pulso donde creyó estar?

Aquí donde gobiernan perros/ los hombres parecen restos de Dios.

¿Desde dónde se lee?. ¿Desde la empatía: lo ínfimo que nos alberga?. ¿Desde el dolor compartido, inclaudicable?. ¿O desde la mirada que busca equilibrio?

(...) el hombre es un pez que ríe/ y hace del mundo un agua inhabitable.

Yo leí estos poemas desde todos esos sitios: una catarata medida en su vaso. El peso que se reconoce en la piedra incrustada.
Leí y vi ojos en los ojos.

te sumergías en los naranjos/ y mirabas el río/ cuando regresabas de la vergüenza de reconocerte viva.

Una pregunta desplazando sentidos.

¿ Adónde ir, consumiendo este desierto?.

¿La palabra atraviesa la materia y la funda?.

Decías ave y volaban de oro.
Decías panal
y las abejas derretían miel en tus cristales.
Las mujeres que lamieron tus pies
como ostras cansadas del citrus de tus manos
llenaron sus pechos de armonio
haciendo pretérito lo vulgar.

El demudado cambia y se desfigura, muta sus formas para no ser reconocido. O se atrinchera en otras expresiones, tapiza colores ajados. Su gesto demuda en el dolor.

¿Por qué nadie me dijo que era sucio ese poema/ que no hace, que no, dice no, nada y lucha/ por condensar nada, por no decir amor/ por saberse tan solo?

De todos los poemas de este libro, además de los versos previos (en bastardilla), transcribo algunos textos completos: los primeros seis poemas de una serie de ocho.

Interrogancia

I
Como un árbol que busca la tierra
aquí, donde germina el tiempo
tenías que gritar.
¿Había- preguntaste- palabras para mí?

II
Ni podías bailar, no
como todos, en la noche de San Juan.
Te quedabas como música
que pierde y persigue la luz.
¿Había - preguntaste- una gema para mí?

Pero no encontrabas nada brillante
porque no eras el río
que desenfrenado llegaba
al cuerpo demasiado, allí
tuviste que huir.
¿Había - preguntaste- buenas razones para mí?

III
Parecías un perro hambriento
debías roer las raíces
o el resto de algún hueso hijado.
Leíste en el eco del papel
blanco a Maiakovski: hay un desborde de gente, y yo
voy perdido entre la multitud.

¿Eres tú? - fingías como el poema escrito
a la luz del farol de la casa pública -
¿Había falta - preguntaste- o conozco goces para mí?

IV
Tampoco pudiste cambiar
el nombre de los amados.
Intentabas y volvías (¿implorar?) hasta el Señor.

Una mosca regresaba al poema del hombre
cubierto el rostro de la bondad de la mosca
que rogaba por la carne.

Decía - el poema - anda una mosca por la carne quieta.
Entonces leías por enésima vez ese verso
para entender el significado:
el signo del cuerpito entre las manos
que como una cruz carga la eternidad.

¿Había - preguntaste - una niña para mí?
cuando Maiakovski enhebraba
tus pupilas como un collar de juguete.

V
¿Quiere decir que alguien escupe esas perlas?
- volvías una y otra vez a preguntar-

VI
Debiste - como él- pensar en el miedo
que sabe indispensable
la broma nueva que esconde el cuerpo.

Te dije con absurda autoridad:
hay huellas
que crecen en la boca de los cuervos
sólo para borrar los hijos.
¿Había - preguntaste- unos hijos para mí?


Todas las bastardillas incorporadas en el texto, antes de los poemas, son versos de Cristina Domenech.