domingo, 2 de diciembre de 2007

Un sueño intermitente


Poemas de Lidia Rocha

Dejá vu
A Inés Manzano, por su respiración
Tuve una vez
un pulóver de lana hilada
que usé por años
hasta que se le soltó un punto
justo encima del esternón.
Y luego otro,
debajo,
sobre el pecho.
Así,
de uno en uno,
hasta que la trama fue cediendo
y perdió su forma de pulóver
arrumbado en un placard.
Algún impulso
lo retiró
de la sombra,
donde dormía un sueño intermitente,
para volverlo simple materia tibia,
ovillándolo.
Me tejieron de esa lana
un pulóver bonito
y de trama más firme.
Sin embargo,
si meto un dedo
debajo de sus puntos,
parece estremecerse,
como si recordara.


Así(algunos poemas de la serie)

Te quedaste, alma, como en blanco
suspendida de un sonido del aire
contra un tejido vegetal

si volvieras al cuerpo
y el cuerpo al viaje
te arrancarían del minuto
en que había estado
cortado el hilo de la vida.

Ausente,
el corazón ardía en oscuro

***
ahora que de tanto ver y ver
el mismo paisaje
la ventana se te ha desdibujado
¿dónde estabas?
¿es real esa casa de donde no saliste?
¿verdad el caserío?
La sombra de la tarde te vuelve silenciosa
invisible, si no fuera por el ojo
y la pantalla.
Un animal que habla todavía

***
hubiéramos soñado un mundo
un poco menos cruel, pero estábamos
cansados de la tarde
y no queríamos salir de casa
ni cazar soldados mariposas
de sombra ni trinchera
y menos niños
lo dejamos así, a su suerte,
por pura somnolencia
en otras manos

***
el día se pierde
en explicaciones, horas
mal empeñadas en no dejar que pase
la sangre, la vida, la tinta, el dedo
sobre los muebles
de caoba rojiza donde sueña
un animal en sus esporas
el tan breve durar
un fueguito
en el silencio fractal del universo



Allí donde no estoy
la espuma salada, sucia
de animales marinos,
en silencioso repliegue
sobre sí.

Donde no estoy ahora,
un árbol azul
dátiles
un caballo a su sombra
una voz que se da
manos llenas de frutas
la boca roja
y el fuego

Donde yo no estoy
pensamientos se hamacan
sin hacer pie
y el olor a canela los ahoga.

Y no
siquiera el hueco de una forma
adonde trasmigrarme.


Cuadro: "El día siguiente". E. Munch. (1894- 95)