viernes, 11 de enero de 2008

Podría marcharme


Dos preciosos poemas de Myriam Rozenberg

La belleza en occidente

Un hombre y sus señales de humo
no vas a llegar
y ella sin temblores, alas en los pies, alcanza el cielo
ten cuidado con mis labios
porque ellos nunca se equivocan
se humedecen

después un vaso que se llena
shhh quiero escuchar tu corazón
mientras él describe un túnel
de este lado está todo iluminado

ella se alimenta de su voz y piensa
sé que tu mano busca por debajo
por donde reverbero
entonces lame la cajita de cristal
que se va abriendo para despertar su música

y así rezando, de rodillas,
comprende el viaje que hace el sol
para encontrar la belleza en occidente.


La partida

No voy a irme todavía
la casa es grande
cruje la madera y tengo que arreglarla.
Podría marcharme por las rutas
detrás de las estrellas y tus muslos
pero me atrapan la noche silenciosa
los gritos convulsivos de mi hermano
la rutina que me asedia con su desesperanza.

No puedo irme aún
detrás de la gordura de mi madre
está su amor
y su propia destrucción.
Ese peso es el vínculo fuerte que me ata.

Cuando ella muera
la casa será fuego y será tumba.
Entonces sí
partiremos con mi hermano
a rodar por los caminos
hacia instantes que traigan
cenizas más livianas
hasta que todo se haga simple
y respirable.



Fotografía: "Orgullo y prejuicio"