lunes, 31 de diciembre de 2007

Un cuerpo a nuestra tregua

Mi saludo en esta cuenta regresiva de 2007 viene en forma de poema, que tomo prestado a una amiga querida.
Le sumo mi deseo: un año con hechos y encuentros que movilicen, con capacidad para gozar intensamente
y sobre todo con aprendizaje!.


Le daremos un cuerpo a nuestra tregua
y ataremos el rito de sabernos tan naturalmente,
saludables como un oso
y como un río nos dejaremos llevar
entre piedras y estaciones.
Volveré a ser la madre de mi madre y mi madre,
su abuela que cantaba nanas en otro idioma
y tú repetirás gestos de personas
que nunca conociste y habrá un orden
en tu dulzura, un orden en tu rabia,
una antorcha encendida que alumbrará a tu hijo
y una canción en tu ensimismamiento,
la misma que mi abuela cantaba para nadie.

Rocío González
"Azar que danza", Editorial Aldus, México 2006



¡Buen 2008 para todos!



Porque son palabras bellas y deseos que me identifican, sumo parte del mensajito que me llegó de Mori, enviado para un grupete de amigas

Que sea un buen año para todas, genoroso, suave, que no aceche para golpearnos en el momento menos pensado, que nos haga sabias, hermosas, comprensivas, amorosas y, quizá también, de a ratos, hasta felices.

sábado, 29 de diciembre de 2007

El endemoniado


El endemoniado
José Watanabe

Vino el mal y calzó perfectamente
en mí
como una perversa lucidez.

Mis ojos vieron cómo se desata
el rencor
en todas las cosas. Todo
se tuerce
como la boca de la gente, o se agesta
o se va de uno. Se van
la cuchara de mi mesa, mi mesa, mi casa,
las calles, la ciudad, mi patria,
y quedo yo solo
cada día, cerca de los cerdos, abrazado
a esta piedra / que no ama.

Por eso lloro y me revuelco ante ti. Dame
de tu infinito aire de salud.
Cúrame,
pero no totalmente,
déjame un pelo del demonio en la mirada:
el mundo merece sospecha
siempre .



Fotografía de la película "Memorias de una Geisha", que fui a buscar especialmente para este poema. Coincidencia y sorpresa, este interesante actor ("de carácter", que le dicen, pero con tantos matices ), nacido en Niigata/Japón, se llama Ken (también) Watanabe.

viernes, 28 de diciembre de 2007

El viento eres tú (II)


Aquí se puede escuchar la versión de "El viento eres tú" de la cual hablaba en el post de abajo.
Silvio canta con su mamá, Argelia Domínguez, que aparece en la foto de portada del disco.

El viento eres tú


Una letra breve, clara y bella. Una canción perturbadora.
La versión que Silvio hace en el disco "Dominguez", con su mamá, en un tono más bajo que aquí (donde se lo escucha algo forzado), me genera desde hace años, siempre, la misma sensación de perplejidad, la misma conmoción. Como ayer, una vez más de tantas y tan distinta ("la sombra oscura que sigue mi amor"?)
En este video Silvio no la canta con su mamá, pero se la dedica.

El viento eres tú

A veces entra en el bosque un silbido veloz
que recorre fugaz la penumbra y la luz,
y los árboles fríos del bosque soy yo.

Todas las copas se postran a fin de existir;
de no hacerlo, deshechas, habrían de morir,
y ese viento que trae la muerte eres tú.

Eres
la llama que abraza la flor
y la violencia del fiero huracán,
la sombra oscura que sigue mi amor.
Por qué, por qué tú sigues, di,
matando este amor que hoy dejas .

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Distorsionado


En el tiempo distorsionado de las fiestas, buscando anclar, hacer pie. Mientras brindamos y abrazamos, también sorteamos.
Yo además: muevo, acomodo, traspaso. Y en esas idas y vueltas aparece un querido libro, uno de mis primeros libros de poesía: malas traducciones de Leopardi, con el bellísimo poema El infinito

Fotografía: Enrique Solinas



Acá, la traducción que me mandó Fernando G. Toledo, desde Mendoza (gracias!!).
El infinito


de Giacomo Leopardi


Siempre amado me fue este yermo monte

y este cercado, que por muchas partes

oculta el horizonte a la mirada.

Mas, sentado y mirando, interminables

espacios, más allá, y sobrehumanos

silencios, y una hondísima quietud

mi mente se imagina, casi a punto

del pánico mi alma. Y como el viento

oigo sonar entre estas plantas, ese

infinito silencio yo comparo

con esta voz: lo enterno me recuerda,

las eternas estaciones y la viva

y actual, y su sonido. Así, en esta

inmensidad se anega el pensamiento;

y el naufragar en este mar me es dulce.


Traducción: Horacio Armani.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bayley en el arbolito

volver
entonces volver
al sueño
al mediodía
y dejar que convivan los jazmines
con los ojos de buey y los lagartos

Edgar Bayley


Para los que pasen, dejo aquí: el alado arbolito de alguien que adoro, junto a los contrastes de un poeta querido.
En su combinación, arman el augurio: capacidad para aceptar lo ambivalente, con goce e inteligencia, rodeados de amorosos "arbolitos" que otros nos regalen (en sus múltiples formas).

¡Un abrazo para todos!

viernes, 21 de diciembre de 2007

Escribir un poema

¿No bastaría con escribir un poema como este? Morita ha escrito también otros, muchos de ellos publicados por Ediciones del Copista, en su libro "Enemigos afuera"

ADN
Mori Ponsowy

El niño nunca ha visto dormir a su padre
pero duerme en la misma posición incómoda que él,
apoyado en un costado, los brazos estirados para atrás,
las manos entrelazadas, como un faquir.

Empeñado en armar un rompecabezas de ocho piezas
los ruidos que hace son los mismos que escuché hace años
cada vez que su padre destemplado intentaba arreglar
el inodoro, la pileta o el acuario del ajolote, en vano.

Lo recuerdo sentado en el piso de la casa que hicimos juntos
mirando el cielo de la mañana sin parpadear,
o acostado en la cama, adheridos los ojos a una pared,
como si ahí habitara el fantasma que lo visitó una vez.

Quería tener un hijo, le dije, para tenerlo a él dos veces,
para sentirlo crecer de mí, dentro de mí, para tener otra versión
del hombre amado, indefenso sobre mi pecho.

Al fin su estirpe ocurrió en mí, multiplicando
células infinitas, repitiendo patrones,
cayendo en uno o dos errores imprevisibles,
modificando los acentos de mi alma sin permiso,
reemplazando un decorado austero
por tiras bordadas, pañales, noches en vela.

Ahora, veo a mi niño poner interminablemente
un dinosaurio plástico tras otro, y recuerdo a su padre
cuando decía que encolumnar soldaditos de plomo
era de todos los juegos de infancia su preferido.

Y me pregunto si las extravagantes posiciones de dormir,
la obsesión con las filas y esa extraña afinidad por los anfibios,
son cosas que su ADN transmitió a mi hijo,
o si no son las leyes hereditarias, sino Dios
haciendo esto por mí: que el niño sea como su padre
para que, así, él aún esté conmigo.


domingo, 16 de diciembre de 2007

Corriendo al sur

Es domingo, entre libros y murmullo de pestañas.
Quieta en la silla.
O caminando madera transitada.
Entre los almohadones que se reacomodan.
En el silencio que afina preguntas.
Un poema (me) viene a decir: si algo se va, es porque nos ha rozado; lo que hay y se ansía: sólo besa; lo ajeno huye, a su modo, hacia su única presencia.


Corriendo al sur
(Julia Wong)

Le he querido seguir
Como a murmullos del sauce
Que habita en la ribera
Ajena a mi casa

Le he cortejado
Como el gran Merlín
Que habita
En el profundo tiempo del océano

Le he pedido que alumbre
Sus heridas
Abierta a sus vaivenes

He amado su cerebro y
Su humor
Dónde es débil
Dónde domina

He hurgado
En sus museos
Sus manos callosas y sus vicios

He inventado el diámetro
De su barriga
Y la inclinación de su omóplato

He pensado que lleva
El nombre de la felicidad

Se ha ido como una libélula de mi regazo
He buscado una isla
Para caminar descalzo
Le ha cambiado el norte
A la brújula antigua

Se ha ido
Pero ha dejado
Sabor de oleaje y arena virgen
Ha logrado que deje el morir
A las gaviotas
El azufre y la espada de ira en la cocina

Se ha ido
Pero me ha besado

Eso es todo


Cuadro: una vez más Merello, Figura en limones

jueves, 13 de diciembre de 2007

Esperando a Godot



Esta semana en Bartolomeo, esperamos a Godot, que por supuesto no llegó.
Sí llegaron los abrazados, los dueños de las cámaras, otras poetas; llegó la mesa nutrida junto a la puerta... "Lidita" con sus anotaciones e Inés con su entallada remera negra, el tostado - vaya menú -, el vinito y por supuesto el post lectura, "una constante".


Intermezzo en la puerta (o Enri y sus mentolados)


Al fondo: Grad departe con Zurano


La previa: micrófono abierto

¿Qué fue de Godot? Apenas si nos vamos enterando. Pero el amor es indeleble también en el desconcierto, se emparenta con lo inesperado, se apega a la soltura o al inocente desparpajo.
Tal como dijimos hoy, entre los jazmines y la franela en los libros: qué bueno que alguien nos recuerde que nada es tan serio.

martes, 4 de diciembre de 2007

Su pan desterrado


De su bellísimo "Libro de Egipto".
Último Reino, 2003.


El Filicida

El mismo hombre que degüella ese cordero
asesinó a su hija, con un hijo adentro,
para que no la vean
y la hundió en el río
y en el río de sí mismo.

Esta deshonra que el honor exige
era necesaria
para que Dios pueda estar en todas partes.

Aúlla como una cabra
la niña de sus ojos
y un trueno estraga el árbol de sus muertos,
mientras la mata
y ella lo enciela
y lo deja, inverso,
tocado por un solo sentido.

Nadie va a oír
el trapo de sus palabras
cuando pida que lo enferme el olvido
y ore
a la basilisca,
a la oblicua religión
la que se alimenta de una niña tenue
la que con la luz del perdón
afila los cuchillos.


La Ciudad de Los Muertos

I

Aquí, en la Ciudad de los Muertos,
hallé mi techo,
puse mi mesa
y su pan desterrado.
Mis hijos corren entre las tumbas
del patio de mi casa.
Cuando vuelven de sus juegos
sonríen
horas y horas
dormidos
y no de felicidad
de infinito
sonríen.
Mi mujer no se ve.
Sus ojos fulguran en la cocina
como dos insectos
dentro del humo del mausoleo
(en un campo de cenizas
hace
fuego de ciegos).

Mi madre es esa anciana
fija
en un rincón de la calle.
Ella no nació.
Guarda, como otras viejas, este lugar.
Hace años que tiene
la ira de los muertos.

Nadie entra aquí
a menos que su miseria
sea más grande que la muerte,
nadie que no muerda el polvo
de todos los desiertos.


XV

Puertas adentro
junto a una cama quemada por las pesadillas,
en una mesa
comen
sin reconocerse
mi mujer, los difuntos, los insectos y mis hijos.

Fuera, en el patio,
el sol tambaleante
brama
con un hueso en el cerebro
se golpea, se eleva, se entristece y se rompe.


XVI

A veces por la televisión
entran al mausoleo
mares naciendo,
lluvias en lejanas selvas,
hombres que no nos ven,
ciudades.

Mi hijos,
con las raíces al aire,
no creen en ese mundo
se duermen sin sentir
como esas mariposas negras, sordomudas,
pegados
a estos muros mentales.

Jardines de cal
su infancia.

Nadie aquí se sueña en otra parte.


domingo, 2 de diciembre de 2007

Un sueño intermitente


Poemas de Lidia Rocha

Dejá vu
A Inés Manzano, por su respiración
Tuve una vez
un pulóver de lana hilada
que usé por años
hasta que se le soltó un punto
justo encima del esternón.
Y luego otro,
debajo,
sobre el pecho.
Así,
de uno en uno,
hasta que la trama fue cediendo
y perdió su forma de pulóver
arrumbado en un placard.
Algún impulso
lo retiró
de la sombra,
donde dormía un sueño intermitente,
para volverlo simple materia tibia,
ovillándolo.
Me tejieron de esa lana
un pulóver bonito
y de trama más firme.
Sin embargo,
si meto un dedo
debajo de sus puntos,
parece estremecerse,
como si recordara.


Así(algunos poemas de la serie)

Te quedaste, alma, como en blanco
suspendida de un sonido del aire
contra un tejido vegetal

si volvieras al cuerpo
y el cuerpo al viaje
te arrancarían del minuto
en que había estado
cortado el hilo de la vida.

Ausente,
el corazón ardía en oscuro

***
ahora que de tanto ver y ver
el mismo paisaje
la ventana se te ha desdibujado
¿dónde estabas?
¿es real esa casa de donde no saliste?
¿verdad el caserío?
La sombra de la tarde te vuelve silenciosa
invisible, si no fuera por el ojo
y la pantalla.
Un animal que habla todavía

***
hubiéramos soñado un mundo
un poco menos cruel, pero estábamos
cansados de la tarde
y no queríamos salir de casa
ni cazar soldados mariposas
de sombra ni trinchera
y menos niños
lo dejamos así, a su suerte,
por pura somnolencia
en otras manos

***
el día se pierde
en explicaciones, horas
mal empeñadas en no dejar que pase
la sangre, la vida, la tinta, el dedo
sobre los muebles
de caoba rojiza donde sueña
un animal en sus esporas
el tan breve durar
un fueguito
en el silencio fractal del universo



Allí donde no estoy
la espuma salada, sucia
de animales marinos,
en silencioso repliegue
sobre sí.

Donde no estoy ahora,
un árbol azul
dátiles
un caballo a su sombra
una voz que se da
manos llenas de frutas
la boca roja
y el fuego

Donde yo no estoy
pensamientos se hamacan
sin hacer pie
y el olor a canela los ahoga.

Y no
siquiera el hueco de una forma
adonde trasmigrarme.


Cuadro: "El día siguiente". E. Munch. (1894- 95)

sábado, 1 de diciembre de 2007

La joya que veneramos


En memoria de Bice Portinari

de Juan José Saer :

Empujaste a un hombre a la locura. Una
mañana, caminando bajo el sol florentino
te vio destellar nítida, contra el tejido
de los sueños amargos de la última noche.
Inclinaste gentil
la grávida cabeza
y en la creciente de los años el ademán
tranquilo se incrustó como un diamante sobre el cielo
feroz y vago de sus días. Y en plena juventud,
después, moriste, casada con un hombre común
que te quería, desconociéndote. Oh, Bice
Portinari, así son las mañanas de este mundo:
despertamos de un sueño amargo
y andamos como fantasmas
hasta que recogemos, del sol de nuestras ciudades,
un núcleo de claridad o mas bien una joya,
férrea que veneramos, gastada y turbia,
en algún sucio anochecer.

Cuadro: El beso E. Munch 1897