martes, 20 de noviembre de 2007

Sopa de ajo y mezcal


Texto de Enrique Solinas
Leído en Literatura Viva
Sobre Sopa de ajo y mezcal de Florencia Walfisch

La realidad como imagen en continua repetición

En Sopa de ajo y mezcal de Florencia Walfisch, la imagen es la que cobra importancia fundamental y se coloca en el centro de su poética. Éste es el comienzo del mundo original que funda, expresado en un discurso fragmentado y que convoca a otras expresiones artísticas: la pintura, la música, el teatro, la narrativa, pero conservando en un primer plano el discurso poético. Y bien podríamos ubicar a la poesía de Walfisch dentro de la estética invencionista, por el tratamiento presente en cada poema que enlaza lo extraño con el sentido.
La imagen expresada genera otra imagen y aparece el significado que se vuelve metáfora. Retrata la intimidad, profundamente femenina, a partir de un yo poético sensorial, que alcanza grados de lucidez extrema a través de un pensamiento intuitivo. Y de esta manera, el yo lírico avanza hacia el futuro, al mismo tiempo que arrastra un pasado inolvidable porque el presente existe tal cual es, gracias a la memoria.
En este “avanzar hacia el futuro”, el sujeto se va despojando de la sensualidad del cuerpo para transferírsela a las palabras. Cuando expresa el mundo desde “ella”, el desdoblamiento le permite una aparente objetividad y así enunciar aquello que es carencia y que duele, aquello que es deseo y conmueve, aquello que es imposible de alcanzar y olvidar. Cuando la expresión es “yo”, la voz poética describe la actualidad del instante.
A lo largo de los textos, la repetición es el recurso que logra un efecto incantatorio. ("Mi rostro no tiene más voz que mi rostro...", "Sus sujetos caen como seres sujetos...", "...el cuerpo del cuerpo como su propio cuerpo imposible",etc.), es una poética sinfín, pero con principio, en donde el yo lírico se instala para demostrarnos que está debajo de lo que se puede ver y, al mismo tiempo, que es posible la infinitud. La demostración de las distintas facetas del objeto enunciado genera nuevas perspectivas de observación. Descubre su otra verdad, transcribe la obsesión, genera pensamientos inéditos a partir del elemento captado. “Lo que ve y lo que siente”, podría ser una clara síntesis para transmitir en pocas palabras la característica principal de esta poética. La mirada se apoya en el detalle, describe y curva su intención para mostrarnos la otra visión que aparece debajo de lo conocido. Todas estas propuestas atraviesan al yo poético que no está ausente, sino que forma parte de cada visión y se deja fluir, se transforma en texto también, para que el poema sea completo.
Poesía bella, poesía de calidad, gran poesía la poesía de Florencia Walfisch. Circular y nocturna, como esos sueños que hieren la memoria y, al mismo tiempo, es imposible desprenderse de ellos. Porque queremos continuar en su poesía. Porque queremos saber de qué se trata la vida, cómo es, cuáles son sus diferentes formas.



Cuadro: Florencia por María Magdalena Pereyra (acuarela)