sábado, 3 de noviembre de 2007

Dentro de mi bata de seda

De "La familia china".
María del Carmen Colombo
Libros de Tierra firme (1999)


"El mar de la China está encerrado adentro del caracol, entre tus piernas". Eso le dijo a La Mayor el inventor de medias transparentes que vive en la piecita de arriba. Y ella, que es muy impresionable, de noche siente que una víbora de seda se desprende de sus piernas, imantada por el aliento musical del instrumento que el hombre toca como fiera, en su piecita.

La sedosa serpiente soñolienta enrosca los peldaños de la escalera caracol, su talle de odalisca desnuda entre los velos se desliza, y sueña el cacabel en sus tobillos, bambolea el tambor de sus caderas: ábrense los húmedos anillos de la piel, esos poros de pulseras y platillos esos poros babilónicos aúllan el vacío de la selva, horror vacui de la boca, avanza sibilante presa del cazador de su arcaico cuerno que llama a derramar esa abundancia. Sube viscosa, como si la respiración embrionaria del inventor guiara ese concierto, hasta el umbral donde se despereza, taller abierto pared de piel, chorrean espejitos las escamas, elevan su tiara de sudor: desde los senos hasta el sexo despliega la sonámbula serpiente cuando el golpe de una puerta en su cabeza estalla plena la madera y rueda por los peldaños el ánima de media, transparente, cae desde arriba como en un desmayo entre las sábanas espesas del mar de una china que despierta y dónde estoy, quién soy, sí, yo, La Mayor: aquí mi caracol ardiente debajo del kimono matinal y salgo y saludo con respetuosa inclinación el paso, agrio, del señor inventor que dice, entre dientes, como si algo hubiera imaginado: "rajá, turrita, rajá".

Como un violín en su musgosa caparazón, así he vivido dentro de mi bata de seda: cuerpo enfundado en el lujoso estuche de un disfraz. Envuelto en el paisaje del kimono, niño perdido en su propio refugio, obedecí el impulso del regreso, grabado en el tapiz de la memoria. Pero ahora, por puro deseo de metamorfosis, me desprendo de la espumosa máscara de hierba, mariposa excesiva en su teatro de ausencia.