sábado, 6 de octubre de 2007

Más poderosos que los reyes

Dos poemas del libro "Los réprobos", de Alejandro Mendez Casariego
Ediciones Patagonia, 2007


Los ascetas

En honor a la negación de todo aquello
que deseábamos, y por lo cual
arrastramos nuestras vidas a este punto
como siguiendo la saliva brillante de un gusano
debemos decir que las cosas
de las que aprendimos a privarnos
mutaron una parte de su esencia:
esa invisible cualidad que les otorga
ser deseadas y remotas.

Cada elemento despreciado
entró en un territorio de penumbras
donde apenas un eco celebró
lo que hubiera sido su existencia fugaz
lo que concierne
a su volumen, peso y forma
mientras el ornamento,
con el cual el ansia vestía
la mísera apariencia de estos íconos
pereció sin remedio.

Fuimos más poderosos que los reyes
porque heredamos
la parte menos codiciada de la tierra
la que nunca sería objeto de disputa
de envidia o de reclamos.


Alquimistas

Sólo hemos sido certeros
en proclamar que todo error posible
sucederá, por lo menos una vez,
en la extensión absoluta del tiempo.

Combinamos elementos, primero al azar,
luego por vagas afinidades
que casi siempre defraudaron, demostrando
que la apariencia es como el sueño
después de un vino mal estacionado
o de un amor que, simulado,
se nos entregó sin voluntad. Nunca debe confiarse
en el parecido vulgar, en lo que el tacto
o el olor insinúan: hay sustancias esquivas
que esconden en pliegues invisibles
sus razones profundas, consistencias
que sometidas a calor o presión no resisten
y ceden su antigua identidad. De esto
dan testimonio nuestras manos estragadas,
nuestra ceguera, nuestra calvicie prematura.

La res universae
no abrió ante nosotros gentilmente sus secretos
no goteó la retina generosa del cielo
su sabia claridad,
ni las vísceras del planeta
nos contaron su historia con simpleza.

Cada puerta que abrimos se cerró tras nosotros.

A nuestros abnegados seguidores
sólo legamos la inquietud, la fatiga
y el insomnio.