viernes, 26 de octubre de 2007

Las atmósferas claras de la luna


De "Las inmensas preguntas celestes"
Antonio Cisneros, Visor, 1992

Poemas de la Parte IV
"Drácula
de Bram Stoker"

Introducción a la heroína

Mina Murray, soltera, 24, institutriz
tocada por la luna. Conocida
por sus feas maneras.
Loca de atar, brillante
como un hollejo de uva. Redactora
de cartas. Convencida
que ahora la cordura
es sólo un animal
flaco y pequeño, apachurrado
por el vagón final
de los trenes nocturnos.
Mina Murray, tremenda loba vieja
en plena juventud.
Mujer maravillosa o rata infecta
según los cambios de aire
y las horas de luz.

Carta de Mina Murray a Lucy Westenra
(Earls Court, Londres)

Desperté bajo un cielo de aguanieve. Y sin embargo (tienes que creerme)

hace unas cuantas horas, cuando vine desde Nevern Square para instalarme

en este cafetín de Old Brompton Road (donde ahora te escribo),

al volver la cabeza me topé con los aires de julio desatados

sobre un paisaje tonto pero amable y sin grandes sorpresas.

Las manzanas de la sabiduría, las fresas del amor, las colinas azules y soleadas.

Todo dispuesto como un puente de reses dormidas hasta el mismo horizonte.

Esto fue hace tres horas. Ahora hiela el aire que ocupan las estrellas

más allá de los postes de luz. El aire negro de los lobos obesos y los tristes festines del pastel de riñones.

Alguien ha roto un gran plato de jade en la mesa de al lado y me importa un pepino. Igual que los gobiernos o linajes.

El local (de moda en otros tiempos) es sólo un mausoleo repleto de ballenas a medio destajar y pieles de cordero.

Ese biombo con flores de lavanda le otorga sin embargo un aire pastoril.

Las tinieblas chorrean por los muros como jugo de moras derramado. Es hora de volver.

(Mi rostro es un color sin plantas ni animales. Las atmósferas claras de la luna contienen a la tierra para siempre).


Lucy Westenra se mira al espejo

Acerca el candelabro principal.
Mira qué bella me he puesto para ti.

Mira esta piel, señora, firme y fresca
como la superficie de un estanque.

Un año entero sin probar
adobos o pasteles. Cinco estaciones
sin un grano de sal.

Mírame. Así no desearás nada distinto
a mi cuerpo o mi sombra.
Ni siquiera las noches de verano.

Cierra los ojos. Imagínate ahora
saliendo de la espuma como Venus.

(Salta un salmón)

Mejor abre los ojos otra vez
y búscame en el fondo del espejo.

Más allá de mi cuerpo sin asomo de grasa.
Más allá de los prados azules

donde tus alaridos me despiertan
cuando duermo y te sueño.




Gracias a quien me leyó y prestó estos poemas (con "cierta vibración de adentro hacia afuera", aflojando sus "remaches").