miércoles, 3 de octubre de 2007

El espía belga


Los tres primeros poemas de la serie

"El espía belga", de Aulicino.

1

Detrás de los anteojos negros viaja un pesquero.
Las manos son gruesas, la corbata distinguida.
Le gusta palpar la seda al vestirse a la mañana.
cuando urde el lazo rápido como un goce súbito
- un trago, una cosa así.
Detrás del pesquero, mira
a esa adolescente con el bauprés por hombro,
las velas al palio como bikini,
sentada frente a él en el subterráneo
rumbo a qué.
Desde esta posición - se dice - desde esta posición
que me he granjeado
de traficante de lanas o aceitunas
bien podría mirar el mundo con otras lentejuelas
y no como el pintor Archimboldo lo hacía:
caras hechas de frutas, animales
y no parecidas a frutas o animales; a la vez la sospecha
de que mi cara está hecha de objetos
que drenan de los sueños: el mango
de una campana, escobillas,
hojas, dientes o ruedas.
Nada terrible a la luz del día,
siniestros sólo porque son nosotros,
la lluvia , el monte, las crisálidas.


2

He viajado, mis sueños tienen luz.
Y sin embargo, vuelvo a este subterráneo.
Aquí hay caras siempre conocidas.
Y son las mismas.
En cambio, conozco las caras que vi en las islas.
No te detengas.
No te detengas.
Viste maderas y botellas flotando en un canal
en una ciudad extraña.
Pero sabías dónde estabas.
Aquí hay luz suficiente y nada tiene nombre.


3

¿Cómo reconocías en cualquier lugar las señas, cómo
las pistas se anudaban hasta llevarte al punto?
¿Había un secreto allí? ¿Todo dispuesto?
Las figuras deslizándose en las calles empedradas.
Un poco de sal caída en una mesa.
Los giros pesados de las aspas de un ventilador.
El tipo que terminaba su cerveza.
La negra que se acercaba a venderte una talla.
La quietud del mar.
Un encuentro en un callejón estrecho.
Presagios de huracán.
Eso era aprehensible, no conocido exactamente,
pero con un sentido que debía a conducir a algo.
De noche enviabas partes que nadie contestó
escritos sobre una mesa de hotel junto a una botella.
De todos modos cumpliste tu trabajo, algo te dice.
Había reflejos sobre grandes hojas y un perro negro.

Jorge Aulicino
de "Almas en movimiento" (1995)


Se puede asumir la posición de un traficante de lanas o aceitunas, con la cara hecha de objetos que drenan los sueños; se puede viajar y que los sueños tengan luz, andar las islas, ver maderas flotando, para luego volver al subterráneo...



Cuadro: Manet. "Hombre con sombrero redondo"