martes, 11 de septiembre de 2007

Un rayo entre nosotros


La casa en la avenida

Con saña o descuido, lo frágil
resbalaba de nuestras manos
y se hacía polvo
en el piso. No anden descalzos,
decía la abuela, porque los vidrios
se les clavan en los pies. Quizás buscábamos
averiarnos también, que por un día
nuestra vida fuera otra.
Romper
era probar cuánto duraban, alterar
ese orden que los grandes
le daban a las cosas.
La franela o el plumero
detenían la erosión, el gran desastre,
como lo hacía el pararrayos de la iglesia
en las noches tormentosas. Sin embargo
qué no hubiéramos dado por ver
la caída de un rayo entre nosotros, todo Caseros
en llamas y el rugido furioso
expandiéndose por la avenida. Yo prefería
que las polillas se comieran los tapados
a ese olor rancio, el acre
de un ropero abierto en los inviernos.
Expuestos al desgaste
estaban los objetos de la casa, será por eso
que rompíamos todo. Hoy crecí,
dijo mi hermano un día, porque quiero arreglar
lo que está roto.

Paula Jiménez


Cuadro: Adrián Gómez. "Jugando con las nubes". Acrílico sobre tela.