jueves, 13 de septiembre de 2007

Así embrujado















Por cuestiones de contexto conocí algo de su historia antes que su poesía. Y lo leí condicionada por esa mirada.
Este verano agarré de la biblioteca un libro suyo, marcado por mí, que hace años ni siquiera veía.
Fue parte de mis primeros acercamientos a la poesía. Y su historia -desde nuevas premisas, con otra mirada - vuelve a convocarme!




La flauta vertebrada (fragm.)

Por todos los que
me gustaron o me gustan
guardados como imagen en la gruta del alma,
alzo mi cráneo colmado de versos
como una copa de vino en la mesa de un brindis.

Pienso a menudo si no sería mejor
poner a mi vida el punto final.
Hoy,
por si acaso,
doy un concierto de despedida.

¡Memoria!
Junta en la sala de la frente
los nombres incontables de mis amores.
Trasiega la risa de un ojo a otro,
adorna la noche con pasadas bodas.
Que nadie olvide:
hoy tocaré la flauta de mi propio espinazo.

Las lenguas de las calles aplasto con los pasos
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann te inventó, maldita?
A la borrasca del gozo las calles le quedan estrechas.
Del día festivo salen, acicalados todos.
Pienso,
la ideas, coágulos malsanos
se escurren del cráneo, ardiendo.

Y yo,
mago de todas las fiestas
no tengo con quien ir a celebrar.
Ahora mismo me caeré de espaldas
me saltarán los sesos en las piedras de Nievski.

He blasfemado, sí,
voceado que no hay Dios;
pero Dios, de las honduras infernales sacó
a la que estremecería las montañas
subió y ordenó:
¡Quiérela!

Dios está contento.
Bajo el cielo, en un candil,
un hombre agotado, se apaga.

(...)

Vladimir Maiacovsky