miércoles, 12 de septiembre de 2007

Carolina

Postal/fotografía que "Carolina" dedicó, en el Año nuevo de 1911, a una tía que (según se lee atrás) vivía en el barrio de Flores.

La compré en Plaza Dorrego hace quince años. Estaba en una caja llena de otras fotos; era una de muchas. La compré porque me atraen los objetos antiguos y más me atraían (aún) en esa época. La compré pensando que era la foto de Carolina. Imaginando que Carolina ya no estaba, quizá desde hacía poco y que se vendían sus pertenencias, o que alguien cercano la había resguardado y ahora estaba ahí para que otro le diera un nuevo valor.
La compré admirada por la cara de "Carolina", su vestimenta, su nombre (que compartimos), la caja de bizcochos, las manitos... Con el mismo impulso que hace menos tiempo me llevó a meterme en la puerta abierta de una casona en el "barrio inglés" de Caballito, en la calle Cachimayo, entre albañiles y baldes, atraída por la escalera de madera y la araña que colgaba de la sala vacía. Y el patio al fondo con la fuente.
Me atrajo como me atraen las películas de época y las historias viejas, para asomarme y hasta hurgar en ellas.

Sea como sea la compré, la guardé, la incluí como elemento articulador del conflicto en más de un guión (en la facultad, en un taller... tan cercana me era y necesitaba incorporarla a alguna trama), hasta que hace cuatro años la delegué a una amiga muy querida, entre caracoles y otros objetos remanentes/ rescatados, en una cajita .
Mi amiga la digitalizó y me la envió, y yo, hace muy poco, observándola, reparé en las iniciales NRM, en que es una postal, en que entonces no es la foto de "Carolina" sino de alguien que posó para una postal destinada a la venta.
No tiene sello, por lo cual (supongo) fue comprada y entregada en Buenos Aires.
¿Quién habrá sido esa nena de la foto? Me enredé otra vez en la historia, ahora desdoblada. La historia de la nenita de la foto y por otro lado, la de Carolina, que quedó sin imagen, y (sólo en ese sentido) más lejana.
Me pregunté y me pregunto, dónde habrá comprado Carolina esa foto para regalarle a su tía. Y ya no me imagino una Carolina niña en nombre de la cual su mamá probablemente firmó la foto, sino una Carolina joven que compró la postal para su tía más querida, y que nació un poco antes, en las últimas décadas del 1800. Y que se vio atraída, una vez, por esa misma postal que en la feria de Dorrego me atrajo a mí. La miró, la tocó, la pagó y la regaló, como hice finalmente, también, yo. Y eso la hizo, en relación a mí, más cercana.

Pero de cómo fue realmente: ¿quién puede hablar?
Otras postales de esa época, también dedicadas en el frente (como esta), se venden en la web con la sigla NRM pero de mi Carolina o mi no Carolina, obviamente: ni rastro.