domingo, 30 de septiembre de 2007

Poemas familiares

desde Montevideo


Apropié un dolor nuevo
surcador de dominios quietos
hasta poco inertes,
tengo dolores anegados,
que desconocía.
Hay un niño que masticará,
hay un hijo que amarrará
una inexactitud.
Duele una angustia futura,
una inmediata ilustración vacía,
duele con dolor infante,
un nuevo jalón del ramalazo.
Creo en una fase gris
donde el lastre es denso,
y hay un paso vedado a la alegría.



Remonté otra ocasión
tomador de decisiones breves,
mudando tristes y lejanas torres
resguardé mi cansancio
de tu niñez lúcida.
Fuimos tenedores
de mejores corazones,
asoladores
de futuros nocturnos,
auto crueles.
Siendo ya,
vomitamos un amor muerto.


Cual será
la hora del lobo
contemplada en la cornisa,
adiestrada en un segundo fácil,
donde el caminante demora
una luz nocturna que abra la senda.
El matinal salobre
descansa sobre tu brillada piel,
insanos de movernos,
crónicos
por el haz nocturno,
duele la sonrisa plácida
y el ancho amanecer
de tu playa,
donde la perfección fue vaciada.


Martín Lafferranderie
(inéditos)

sábado, 29 de septiembre de 2007

Manos tan pequeñas


Hoy se presenta Ventizca Primavera
Click sobre la imagen para mayor tamaño



nadie, ni siquiera la lluvia,
tiene manos tan pequeñas

viernes, 28 de septiembre de 2007

La flor más bella
















Foto de esta semana
Luego de la lectura de Florcita y las chicas en la Embajada.
¿Se nota que la quiero mucho mucho?



Gracias a Romi que me la mandó

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Jueves en Fedro: poetas invitados

Los invitamos a un nuevo encuentro del
Ciclo de Poesía en Fedro

En nuestro cálido living escucharemos
con enorme placer a los poetas invitados:

Diana Bellessi, Victoria Scholnik,
Yaki Setton y Juan Fernando García

El encuentro es el Jueves 27 de Septiembre a las 20hs
en Fedro, Librería y Espacio Cultural
Carlos Calvo 578 - San Telmo
4300-7551

Coordinan el ciclo:
Florencia Walfisch
Ana Lafferranderie

Sea

Foto para mi caja en el armario, del blog de Paula Jiménez

Nurit, Leonor, Paulita, Gabriela y mi atento perfil.
Salimos (casi) todas coloradas
pero la única que lo es, frente a frente, es Nurit...



lunes, 24 de septiembre de 2007

Martes mexicano: cuatro bellas poetas
















Embajada de México
Tiene el agrado de invitar a usted al evento literario
"México y la poesía"

Martes 25 de septiembre, 19 hrs.



En el Espacio Cultural, Arcos 1650, Buenos Aires.

Entrada Libre y Gratuita


Con las poetas argentinas Florencia Walfisch (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2004) y Cecilia Romana (Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz 2006 y Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006).

Participarán, también, Mercedes Araujo y Paula Jiménez (quienes representarán a la Argentina en las próximas ediciones del Festival de Poetas del Mundo Latino y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, respectivamente),).


Se ofrecerá un vino de honor


Informes: culturales@embamex.int.ar, Tels. 4118-8820/21´


- - - - - o - - -- - -
FLORENCIA WALFISCH
(Buenos Aires, 1970). Artista plástica y poeta. Su formación incluye diferentes disciplinas visuales y expresivas, centrándose en el dibujo y la poesía. Ha realizado muestras individuales y participado en exposiciones colectivas, salones y trabajos interdisciplinarios. Su libro Sopa de Ajo y Mezcal recibió el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2004, otorgado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas.


CECILIA ROMANA
(Buenos Aires, 1975) es licenciada en Artes y Ciencias del Teatro. Libros: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, Ediciones del Copista, Córdoba, 2004; Duelo, junto a Mercedes Araujo y Carolina Esses, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2005 y como curadora, Hotel Quequén, poesía, Buenos Aires, 2006. Su libro Aviso de obra (2006), mereció el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz. En tanto que su obra "No lo conozcas" recibió el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2006. Asimismo, es editora del sello "Sigamos enamoradas".


MERCEDES ARAUJO
(Mendoza, 1972). Es Escritora y Abogada. Sus textos forman parte de las antologías: Poesía de la Feria, Catálogos, selección de diez poetas jóvenes Fundación El Libro, (2000); y Hotel Quequén Poesía (Sigamos Enamoradas, 2006). Su novela Tiempo Salvaje, fue distinguida con una mención del Fondo Nacional de la Artes, 2005. Forma parte del proyecto artístico y editorial "Sigamos Enamoradas".


PAULA JIMÉNEZ
(Buenos Aires, 1969) Es psicóloga y escritora de poesía, narrativa y teatro. En poesía publicó Ser feliz en Baltimore (Bs. As., Nusud, 2001); Formas, libro y cd, junto a la cantante Valeria Cini (Bs. As., Terraza, 2002); La casa en la avenida (Bs. As., Terraza, 2004), con el que obtuvo en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes; y La mala vida (Bs. As., Bajo la luna, 2007). En 2006 recibió el Primer Premio Nacional de Literatura Tres de Febrero y el Hernández de Plata en categoría Poesía. Textos suyos integran diversas antologías argentinas e hispanoamericanas. Durante los últimos años ha colaborado con medios especializados. Coordina talleres de escrituras desde 2001.




Consulte nuestra página web: http://www.embamex.int.ar/

viernes, 21 de septiembre de 2007

Bartolomeo: presentaciones x 2


Presentación del libro de poemas

a cargo de Graciela Zanini
Y
Presentación del libro de cuentos

La muerte y su conversación
de Enrique Solinas

a cargo de Leonardo Saguerela

La cita es en Bar Bartolomeo
Bartolomé Mitre 1525
Sábado 22 de septiembre
19:00 hs

jueves, 20 de septiembre de 2007

Su gruta vasta

"At home with the sea". Jezebel .

Poemas de "Lo que se nombra". Silvia Dabul. Ediciones en Danza, 2006.


Dulce vocal verde láctea

Ella ha vestido de tafeta verde
los desbordes de carne rigurosa.
Bajo la piel atesora restos
de viscosidades de humo, secuelas
de glucosa. Sé por la aridez del idioma
de su naturaleza cítrica,
y sé, desde que me acunó
en su gruta vasta,
que alguna felicidad es posible
al navegar la lengua
de una teta extensa, lábil,
al hundirse dulcemente en la adiposa
cuerda láctea, alguna felicidad...
inhalar viento verde
que silba en checo antiguo
una walkyria silvestre,
extraviada.


Rutas

Diciembre nos atraviesa
con naves que sobreviven
de mástiles robados
y aún desenredamos
cuerdas tendidas
por tus dioses

no hablemos de tormentas
en parajes arbitrarios
se escucha ruido
de agua niños
en la plaza

devoremos las frutas y los panes
como entonces
cuando para no volar
eludimos señuelos
cantando
hasta la exasperación


Suite en tres movimientos

I – Andante

Cruzamos un puente
de olor ácido
para inclinar
el silencio
a rasgar un borde roto

Invisible
el bulbo latía
su destino
subterráneo
de estallar raíces
como garras
asustadas


II – Agitato assai

Respiraba
con los ojos
detenidos
en una cresta de luz
hasta las pupilas diluidas

pero hundiste
la lengua
en mi estupor

sólo dilato los poros
bebo
de tus tendones
húmedos


III – Adagio sostenuto

La piel al revés
y la palabra
erecta
frotándose
con las manos
llenas de sal
lista para penetrar

veloz

la región más blanda
del extremo



Multiplicación

Próxima a territorio
de murciélagos duerme
entre telones
con una ventana abierta

rigor de oscuridad
ramalazos de agua helada

ni duda
ni estigma
aparecen en la escena

de rodillas desentierra
divide bulbos bajo el sol

desliza las manos por el vestido

palma dorso

hasta dejarlas limpias

dorso
palma

libres de temblor
de toda náusea


Nudos en el agua

Apoya la boca
en el ojo de estaño

el aire es su eje

circuito sin ancla

bosqueja columnas
insufla/retiene
astillas desnudas
de antigua aleación

el aire es un río

fragua sin nodo

soga de viento
para un aria demudada


Un poema de amor


Crece la vara de narciso
entre espejos de una jaula

sin conocer del agua el secreto
sin sospechar
la ceguera de su próxima flor
ni el edípico azar
que podría salvarla


Silvia Dabul

Intensa en la poesía como en la música. Ávida lectora, buena amiga, madre alumbrada, humor bloggero, seriedad en caso de urgencia, muuuucha afectividad, una dosis atractiva de despiste y su especialidad: algunos test relajantes.

La quiero y la admiro. Aprendo de ella. Por esa "gruta vasta" donde la encuentro o porque "diciembre (sin dudas) nos atraviesa". Por sus "ramalazos de agua helada" que bañan el descanso y los "parajes arbitrarios" donde nos encontramos. Por su nuevo libro que me anduvo el día y la mañana con su exquisito regalo de aromas. Por haberla escuchado tocar, (yo) apabullada...






miércoles, 19 de septiembre de 2007

Un lugar temblado


Escribo sobre "Ea" como de las raíces que se hunden donde uno ha arcillado. Porque anida en las zonas donde las cosas crecen y mueren. Porque su carne y su agua me bañan y me rodean como nervaduras.
Escucho su voz en la extrema proximidad. No me zambullo en este libro: cae sobre mí como el líquido que en él se traga. Convoca mi abrazo y me asolea en el descampado de sus cuerpos.

En "Ea", la muerte huele y crece. El que muere lo hace sofocado, apabullado. Tierra y cuerpo se ligan: la tierra es "gástrica", el cuerpo se viste de tierra... En la muerte se nace y se retrocede, se ve el reverso de las cosas. La muerte es detenerse en el temblor y en el sonido, constatar la caída, la rotura y la partida: es sentir "debajo de la tierra/ trenes que van/ cosas trizarse/ derribamientos".

En su muerte, el cuerpo de la abuela "dura solo". La abuela muerta es vacía, es "volumen sin nadie". Con ella "todo lo ido regresa a su parálisis". Su partida actualiza y exacerba otras ausencias.

Julia escribe desde el cuerpo. Desde sus vibraciones y sus temblores; sus fluidos y sus emanaciones. Así, el cuerpo da testimonio de vida con su agua. Es agua cuando es y se desagua cuando deja de ser. Busca lo líquido para ensayar la continuidad cuando se multiplica la ausencia.

"Porque no conozco las formas de despedirme de ella/ hago vibraciones/ tengo ascos, mejoro el silencio// Vuelvo a flotar amniótica/ y trago líquidos"

La sonrisa es "como un golpe de agua". Los cuerpos sueltan agua porque están vivos y se mojan, unos a otros, en cada inicio.
"Hijos de hijos de hijos/ con la carne soltando aguas del presente/ en la noche actual y huérfana".

En "Ea", el cuerpo de la abuela muerta marca un límite en el mundo tal como ha sido hasta ahora e instala uno nuevo, donde quien permanece es "la que más está".
La muerte de la abuela lleva de vuelta al vientre de la madre, se hace cuerpo volviendo al origen y al primer desprendimiento, a la primera y gran ausencia.

"(...) dentro de su nombre/ hay otros nombres cargados de cofres"

La muerte se presenta como un no saber, desconocer, no poder mirar para detenerse/retenerse en las cosas y en el mundo. El que se enfrenta a la muerte de quien ama, tampoco sabe. Desconoce. Y se sorprende de las respuestas del cuerpo, de sus modos de seguir en el mundo.
La muerte del otro es así un comienzo. Y el comienzo es siempre amniótico, es del cuerpo y sus reacciones, es de los sonidos y del silencio que se aprende, nuevamente, a habitar.
Los que mueren y los que quedan son vistos en una mínima distancia, a ambos lados de una ventana, en una extrema proximidad.
"El olor que sale de mí/ son todos los perfumes/ retirándose del mundo"

La abuela se muere y "se asolea en un lugar temblado". La vida que la abuela no dio, lo que no hizo, también queda como herencia: "todo se vuelve/ los hijos que no tuvo/ y que debo consolar".
Pero la abuela vuelve también, a su manera, a "remontar lo seco". Porque la muerte deja deseos en la tierra. Y el recuerdo de la risa como contracara de un hundimiento. La risa que nace de un profundo enojo, de la fantasía de no existir para no saber.
El cuerpo se escurre en esa risa, se dilata, se expande, ensaya su mutación.
"Y tenía que agarrarse de la panza, / del pecho/ para no arrojarse/ dentro de esa luz de pozo"
Finalmente, "la que más está" es una cara que "se queda sola, cerca de la tierra, con los hilos sueltos" y que ya no es tocada. Una cara desprendida. Es la niña que "camina por el pueblo/ y se le ven los muertos".
Pero es también la nombrada, la que guarda los cofres de los cofres amados, la que corrió demasiado y conoce el trayecto, la que ha aprendido a mejorar el silencio y también ríe para exorcizar.
"No vengo a buscarte,/ vengo a que me nombres por última vez, / que diga tu labio/ mi miedo a que existo// Es necesario que el que muere/ nos nombre a todos"

"Ea" me nombra, me resguarda en su cofre y en su agua. Tiembla por mí con su sonido de aires, con su lumbre de infancia y su voz de anciana, valiente.

Lo que sigue es una muestra: tres poemas de los 43 que conforman este libro tan bellamente escrito, con una hondura inusual y un lenguaje que se recorta, pulido, original.
Como sucede muchas veces con las mejores voces, la de Julia pareciera nutrirse lateral, bajo una luz más tenue que la que se busca deliberadamente y que resulta, aún así y más aún, ineludible.


32

Encontré una carta de mi padre.
Enorme, poderoso, indiferente, porque
lleno de muerte como está, no puede
prestar atención si la planta de mi pie está
en el asfalto y en las horas.

Por primera vez lo oí nombrarme,
y mi nombre sonó en su boca, en su mano,
en su pulso
como un gajo. De algún lugar
me ha venido este olor a flores nuevas.
En algún sitio han puesto músicas
que suenan igual al sol - yo lo he escuchado una vez,
suena a cintas blancas -.

Mi padre me ha pronunciado,
me ha dado por nacer;
me ha echado a la vida como
esos panes que queman en la mano y
se los tira al fuego.

Malnacida, a solas, me huelo los pechos,
me contemplo con una carta en la mano,
lloro boca abajo.

La carta tiene veinticinco años y fue escrita hoy.



34

En la ausencia de mi abuela,
en el huevo,
está mi madre
que siempre sucede
aunque la muerte la alimente.

La madre corrida por humores
salados y tristes;

la madre, ya sin desear,
brillando oscura y semilla.

La madre de tierra

la que ha perdido el nombre
de tanto llamarla y que no aparezca.

Con ojos sin comenzar
está mi madre,
recorriendo las rejas
con los dedos
que ya empezaron.


36

Para que sea de noche en tu pasado
vuelves a la casa de tu infancia.

No hay nadie
y sin embargo,
tienes la sensación
de niños dormidos adentro.

Un vientre botánico
al fondo,
te lleva al comienzo del mundo
cuando escuchabas pasar
a los hombres, de largo;
y al cuerpo de tu madre y el de tu padre
mojados de ellos.

Árboles abajo, todavía anda
el pájaro de tus alas,
el niño de tus migas,
las manos de tus llaves.

Una luz enorme
como la que borra cualquier creencia,
te encandila,

aún sin empezar,
hueles a haber corrido demasiado.



"Ea", de María Julia Magistratti, Ediciones El Mono armado, se presenta este sábado en Bartolomeo.


martes, 18 de septiembre de 2007

Garbo ríe


Kari me avisó y puse TCM. Documental sobre Greta Garbo. Greta Lovisa Gustafsson. Hoy 18 de septiembre hubiera cumplido años. Su nacimiento: 1905 en Sodermalm, barrio de Estocolmo. El año de mi abuela.

Una mujer personal, que defendía su privacidad. Movie star que no iba a los estrenos ni se dejaba fotografiar fuera de un set.
Expresiva, estudió en la Escuela de Arte Dramático de Estocolmo. Sorprendía con su intensidad y su actuación que se corría de lo previsible. Pasó del cine mudo al sonoro con igual solvencia.
Con un humor que sus más cercanos destacaron, alguna vez, luego de su retiro - que fue a los 35 años- dijo a uno de sus amigos: "soy un molusco, simplemente estoy". Con afecto, bromearon: "podía hacerlo, era rica y holgazana". Pero parece que dedicaba sus días a coleccionar arte, a caminar y a compartir momentos con amigos.
Innegablemente hermosa, elegante y misteriosa. Luego de verla durante un largo rato en pantalla, comprendí las espontáneas alabanzas de mi abuela. Yo había visto de ella, hasta hoy, sólo algunas fotos y fragmentos brevísimos de alguna película, al pasar, (aún no pensé por qué) sin detenerme.
En su tiempo, Greta agradaba más al público femenino que a los hombres, a quienes presentaba una feminidad demasiado intensa y algo "andrógina" para la época.
"Ninotchka" la mostró como comediante. Fue un éxito y una película elogiada por los críticos, publicitada con la frase "Garbo ríe" como quien dice: algo que le faltaba hacer.
Convocada por la luminosidad de su rostro, por el tono grave de su voz, por el lenguaje actoral de sus manos, me propuse ver estas películas:






















lunes, 17 de septiembre de 2007

Jueves y viernes: lecturas y debate

POESÍA DE MUJERES
Dos días de debate y lecturas

Organizadas por la SEA y con el auspicio de la Casa de la Poesía de la Ciudad de Buenos Aires, los próximos jueves 20 y viernes 21 de septiembre se desarrollarán estas dos jornadas dedicadas a las artes poéticas en una perspectiva de género.

La Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina promueve, a través de un espacio sin fines de lucro, autogestionado, la promoción de todas las formas literarias, considerando a las creadoras y creadores en igualdad de términos y oportunidades.

En estos meses, la Entidad se halla comprometida en una campaña para que las escritoras y escritores de nuestra ciudad y de todo el país podamos, en un futuro, jubilarnos como un derecho emanado de nuestra propia profesión: la de escritores.

Infórmense, colegas, y apóyennos. Esta lucha es la de todas- Es la de todos.

Comisión Directiva de la SEA


PROGRAMA DE ACTIVIDADES


Jueves 20

18.00
"De Musa a Poeta". Presentación de libros de mujeres publicados en 2007.
Leen: Paula Jiménez, Gabriela Franco, Ana Lafferranderie, Nurit Kasztelan y Leonor Silvestri.

19.30 "Como Locos". Mesa de lectura y ponencias sobre los dos talleres de poesía que funcionan en el Hospital Borda, con la participación de talleristas.
Leen: Catherine Hardoy, Elisa Blasco y Jorge Arrizabalga.
Coordinan Martín de Souza y Silvana Perl.
Presenta: Jorge Pinedo.


Viernes 21

18.00
"¡Vení Amor!" Erotismo en la poesía de mujer.
Participan: Susana Villalba, Paulina Vinderman, Graciela Aráoz, Liliana Lukin, Violeta Barrientos (Perú)

19.30 "¿A las barricadas?" Poesía y Política.
Participan: Diana Bellesi, Susana Cella, Jorge Aulicino, Laura Yasán y Laura Klein.
Coordina: Eduardo Mileo



Auditorio "Francisco Madariaga" de la SEA,
Bartolomé Mitre 2815, 2º piso, oficinas 225 a 230.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Bajo alas de fiebre

"Woman washing hands" Mary Cassats

Nana de pájaros

Se acercó a la laguna
nana de pájaros
dueña de la semilla.

Desató el pelo largo
para dar de comer.

Otra vez.
Una señal de barro en los tobillos
detuvo la mano
labrada de avena.
Ese retumbo
de picos que descienden.

Anudó la parte inferior
de la pollera, cerró
su luna hasta doler la pierna

y aventada de líquidos
(sudor de garras en el pelo)
caminó el tiempo lento de la huida
bajo alas de fiebre.

Ana Lafferranderie
"El cielo tácito"


jueves, 13 de septiembre de 2007

El orate recibe

Nos vemos ahí!!

Así embrujado















Por cuestiones de contexto conocí algo de su historia antes que su poesía. Y lo leí condicionada por esa mirada.
Este verano agarré de la biblioteca un libro suyo, marcado por mí, que hace años ni siquiera veía.
Fue parte de mis primeros acercamientos a la poesía. Y su historia -desde nuevas premisas, con otra mirada - vuelve a convocarme!




La flauta vertebrada (fragm.)

Por todos los que
me gustaron o me gustan
guardados como imagen en la gruta del alma,
alzo mi cráneo colmado de versos
como una copa de vino en la mesa de un brindis.

Pienso a menudo si no sería mejor
poner a mi vida el punto final.
Hoy,
por si acaso,
doy un concierto de despedida.

¡Memoria!
Junta en la sala de la frente
los nombres incontables de mis amores.
Trasiega la risa de un ojo a otro,
adorna la noche con pasadas bodas.
Que nadie olvide:
hoy tocaré la flauta de mi propio espinazo.

Las lenguas de las calles aplasto con los pasos
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann te inventó, maldita?
A la borrasca del gozo las calles le quedan estrechas.
Del día festivo salen, acicalados todos.
Pienso,
la ideas, coágulos malsanos
se escurren del cráneo, ardiendo.

Y yo,
mago de todas las fiestas
no tengo con quien ir a celebrar.
Ahora mismo me caeré de espaldas
me saltarán los sesos en las piedras de Nievski.

He blasfemado, sí,
voceado que no hay Dios;
pero Dios, de las honduras infernales sacó
a la que estremecería las montañas
subió y ordenó:
¡Quiérela!

Dios está contento.
Bajo el cielo, en un candil,
un hombre agotado, se apaga.

(...)

Vladimir Maiacovsky

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Carolina

Postal/fotografía que "Carolina" dedicó, en el Año nuevo de 1911, a una tía que (según se lee atrás) vivía en el barrio de Flores.

La compré en Plaza Dorrego hace quince años. Estaba en una caja llena de otras fotos; era una de muchas. La compré porque me atraen los objetos antiguos y más me atraían (aún) en esa época. La compré pensando que era la foto de Carolina. Imaginando que Carolina ya no estaba, quizá desde hacía poco y que se vendían sus pertenencias, o que alguien cercano la había resguardado y ahora estaba ahí para que otro le diera un nuevo valor.
La compré admirada por la cara de "Carolina", su vestimenta, su nombre (que compartimos), la caja de bizcochos, las manitos... Con el mismo impulso que hace menos tiempo me llevó a meterme en la puerta abierta de una casona en el "barrio inglés" de Caballito, en la calle Cachimayo, entre albañiles y baldes, atraída por la escalera de madera y la araña que colgaba de la sala vacía. Y el patio al fondo con la fuente.
Me atrajo como me atraen las películas de época y las historias viejas, para asomarme y hasta hurgar en ellas.

Sea como sea la compré, la guardé, la incluí como elemento articulador del conflicto en más de un guión (en la facultad, en un taller... tan cercana me era y necesitaba incorporarla a alguna trama), hasta que hace cuatro años la delegué a una amiga muy querida, entre caracoles y otros objetos remanentes/ rescatados, en una cajita .
Mi amiga la digitalizó y me la envió, y yo, hace muy poco, observándola, reparé en las iniciales NRM, en que es una postal, en que entonces no es la foto de "Carolina" sino de alguien que posó para una postal destinada a la venta.
No tiene sello, por lo cual (supongo) fue comprada y entregada en Buenos Aires.
¿Quién habrá sido esa nena de la foto? Me enredé otra vez en la historia, ahora desdoblada. La historia de la nenita de la foto y por otro lado, la de Carolina, que quedó sin imagen, y (sólo en ese sentido) más lejana.
Me pregunté y me pregunto, dónde habrá comprado Carolina esa foto para regalarle a su tía. Y ya no me imagino una Carolina niña en nombre de la cual su mamá probablemente firmó la foto, sino una Carolina joven que compró la postal para su tía más querida, y que nació un poco antes, en las últimas décadas del 1800. Y que se vio atraída, una vez, por esa misma postal que en la feria de Dorrego me atrajo a mí. La miró, la tocó, la pagó y la regaló, como hice finalmente, también, yo. Y eso la hizo, en relación a mí, más cercana.

Pero de cómo fue realmente: ¿quién puede hablar?
Otras postales de esa época, también dedicadas en el frente (como esta), se venden en la web con la sigla NRM pero de mi Carolina o mi no Carolina, obviamente: ni rastro.

martes, 11 de septiembre de 2007

Un rayo entre nosotros


La casa en la avenida

Con saña o descuido, lo frágil
resbalaba de nuestras manos
y se hacía polvo
en el piso. No anden descalzos,
decía la abuela, porque los vidrios
se les clavan en los pies. Quizás buscábamos
averiarnos también, que por un día
nuestra vida fuera otra.
Romper
era probar cuánto duraban, alterar
ese orden que los grandes
le daban a las cosas.
La franela o el plumero
detenían la erosión, el gran desastre,
como lo hacía el pararrayos de la iglesia
en las noches tormentosas. Sin embargo
qué no hubiéramos dado por ver
la caída de un rayo entre nosotros, todo Caseros
en llamas y el rugido furioso
expandiéndose por la avenida. Yo prefería
que las polillas se comieran los tapados
a ese olor rancio, el acre
de un ropero abierto en los inviernos.
Expuestos al desgaste
estaban los objetos de la casa, será por eso
que rompíamos todo. Hoy crecí,
dijo mi hermano un día, porque quiero arreglar
lo que está roto.

Paula Jiménez


Cuadro: Adrián Gómez. "Jugando con las nubes". Acrílico sobre tela.


El procedimiento


Es interesante y valioso el proyecto de Selva Dipasquale con su blog "La infancia del procedimiento", que - con entusiasmo- una y otra vez vuelvo a visitar.

Los poetas "hablan", cuentan sobre su modo de hacer poesía, sobre lo espontáneo y sobre aquello que se produce de hecho o los rituales y la planificación a la hora de escribir. Y con todo eso se perfilan, se lee el lugar donde ubican la poesía y donde ellos mismos se posicionan al hacerla.

Uno los visualiza en la intimidad con la palabra. A mí, particularmente, me resulta conmovedor entrar en esa zona, atisbar y acercarme a los silencios, los movimientos del cuerpo, las formas de la escritura, los pasajes, los miedos.

Muchos poetas hablan de la poesía como una búsqueda donde hay algo que se produce sólo en la poesía misma y que a lo sumo se acompaña, se favorece, se aprende a reconocer en su inminencia.
Porque en la poesía está siempre presente la posibilidad de la dilución, de la pérdida. Y por tanto implica un aprender a escuchar, a dar espacio, y la intuición de, como describe Aulicino, saber si es el momento de "dejar todo e irse a la cama", o seguir.

Como en cada entrada hay además poemas del autor, es muy interesante el diálogo entre esos poemas y la visión de la poesía y del propio trabajo.

Por último, la selección de poetas/ poemas es delicada, cuidadosa, comprometida.

A modo de muestra, va aquí algo de lo que dicen dos poetas cuya poesía me atrae especialmente y cuya entrada en el blog de Selva me resulta atrapante:

Aulicino
"Me siento a escribir. Si la letra levanta vuelo, sigo. Me cuesta mantenerla en vilo. Pero no quiero dejar que pase el momento y escribo todo cuanto puedo en cada sentada. Después borro. Casi siempre sobra. Es poco lo que reemplazo. Se trata más bien de borrar. La poesía es lo que falta. Paradojalmente, se borra para obtenerlo".

y la intimidad con el mundo que se configura al escribir y cons us referentes...
"(...) juro que he visto muchas de las cosas que escribí, en la llamada vida real. Y en todo caso, Atila, Saladino, son personajes que conozco en carne y hueso".

y Wittner de quien me encanta como traduce ese "andar a tientas" que es escribir poesía y ese aislarse para encontrarse (con uno mismo, con los otros...)

"(...) Y otras veces, las mejores, así como se hace tinta la línea inicial dispara continuaciones; y entonces voy y vengo, tacho, releo, levanto la vista, miro por la ventana, me siento realmente encapsulada y escindida de lo que me rodea, aunque al mismo tiempo más integrada al mundo que nunca".

"Escribir escuchando música no puedo. Sería como escuchar dos músicas al mismo tiempo"

"El momento de trasladar el dibujito de mi letra en tinta al blanco y negro - aparentemente serio- del Word siempre me produce una sensación de ritual. Algo de exaltación, pero también de miedo: mirá si ahora se desvanece todo. Si no le veo sentido".



Cuadro: Hombre escribiendo en el estudio. Gerrit Dou. (1630-35)

lunes, 10 de septiembre de 2007

El animal entero


"Una de las experiencias más hermosas que jamás he vivido ocurrió en la Costa Oeste de Canadá, cerca de Victoria. Fue a principios de un mes de septiembre, hará más de diez años. Un par de alemanes, Pablo y yo nos subimos a una pequeña Zodiac con capacidad para seis personas y salimos al Pacífico a otear ballenas. Es una actividad turística que se ha hecho famosa en esas aguas, y al parecer últimamente el mar está tan atiborrado de gente que los cetáceos apenas si se arriman a la costa. Pero entonces sin embargo, estábamos solos. Navegamos durante cierto tiempo hasta colocarnos entre unos islotes; allí el encargado apagó el motor y nos quedamos quietos, mecidos como bebés por un mar manso. Era una mañana tibia y luminosa, los islotes brillaban de verdor en el horizonte y el silencio se posaba sobre nuestro hombros como un velo, magnificado por el lamido del agua contra la Zodiac o el pasajero chillido de una gaviota. Estuvimos así, sin movernos y sin decir palabra, durante más de quince interminables minutos . Y de pronto, sin ningún aviso, sucedió. Un estampido aterrador agitó el mar a nuestro lado: era un chorro de agua, el chorro de una ballena, poderoso, enorme, espumeante, una tromba que nos empapó y que hizo hervir el Pacífico a nuestro alrededor. Y el ruido, ese sonido increíble, ese bramido primordial, una respiración oceánica, el aliento del mundo. Esa sensación fue la primera: ensordecedora, cegadora; e inmediatamente después emergió la ballena. Era una hump-back, una corcovada, una de las más grandes; y empezó a salir a la superficie a nuestro mismo lado, apenas a dos metros de la borda, porque los cetáceos son curiosos y quieren investigar a los extraños. Y así, primero emergió el morro, que enseguida volvió a meter debajo del agua; y luego fue deslizándose todo lo demás, en una onda inmensa, en un colosal arco de carne sobre la superficie, carne y más carne, brillante y oscura, gomosa y al mismo tiempo pétrea, y en un momento determinado pasó el ojo, un ojo redondo e inteligente que se clavó en nosotros, una mirada intensa desde el abismo; y después de ese ojo conmovedor aún siguió pasando mucha ballena, un musculoso muro erizado de crustáceos y de barbudas algas, y al final, cuando ya estábamos sin aliento ante la enormidad del animal, alzó en todo lo alto la gigantesca cola y la hundió con elegante lentitud en vertical; y en todo ese desplazamiento de su tremendo cuerpo no levantó ni la más pequeña ola, no produjo la menos salpicadura, no hizo ningún ruido más allá del suave siseo de su carne monumental acariciando el agua. Cuando desapareció, inmediatamente después de haberse sumergido, fue como si nunca hubiera estado".

"(...) siempre he pensado que, en efecto, la visión de la obra tiene mucho que ver con la visión entrecortada, hipnotizante y casi aniquilante, por lo hermosa, de aquella ballena del Pacífico. Con la escritura es lo mismo: a menudos intuyes que al otro lado de la punta de tus dedos está el secreto del universo, una catarata de palabras perfectas, la obra esencial que da sentido a todo. Te encuentras en el umbral mismo de la creación, y en tu cabeza se te disparan tramas admirables, novelas inmensas, ballenas grandiosas que sólo te enseñan el relámpago de su lomo mojado, mejor dicho, sólo fragmentos de ese lomo, retazos de esa ballena, pizcas de belleza que te dejan intuir la belleza insoportable del animal entero; pero luego, antes de que hayas tenido tiempo de hacer nada, antes de haber sido capaz de calcular su volumen y su forma, antes de haber podido comprender el sentido de su mirada taladradora, la prodigiosa bestia se sumerge y el mundo queda quieto y sordo y tan vacío".




Fragmento tomado de "La loca de la casa", de Rosa Montero

La gente inteligente



domingo, 9 de septiembre de 2007

En la suma del tiempo



Tierra con terciopelo

I

se puede estar en la suma del tiempo
partir la imagen con la respiración
como si el aire fuese un espejo de agua
impulsar un vaivén que alcance apenas para una hamaca de fastidio
quedarse en el umbral de lo que sigue y no bajarse ni salir
se puede estar y no
en la franja terrosa de los hábitos
sentir arder esa palabra
guardarla en el cajón de los cubiertos para aguantarse otra estación
se puede abrir una lata por día
mirar un punto fijo en la pared
se puede estar en la boca de otros en la cama de otros
hablar de miedo con la luz apagada
rodar al desencanto por la suave pendiente de la edad
pareciera que no pero se puede
llenar de ropa sucia los silencios
tierra con terciopelo
estar y no
como pasar la vida en un cuarto de huéspedes
ser arena bajando por el delgado cuello de un reloj
la exactitud del número quebrado
estirar el dolor en la suma del tiempo
hasta caber completa en su tamaño

Laura Yasán
"Ripio" (Nuevohacer, 2007)




Fotografía: Alberto Schommer

sábado, 8 de septiembre de 2007

Tiembla una nube

Se acerca: Ventizca primavera

The ship song

Nick Cave The ship song
Come sail your ships around me/And burn your bridges down/ We make a little history, baby /Every time you come around
Come loose your dogs upon me/And let your hair hang down/You are a little mystery to me/Every time you come around
We talk about it all night long/We define our moral ground/But when I crawl into your arms/Everything comes tumbling down (...)

viernes, 7 de septiembre de 2007

El último chocolate


"Cuentos breves y chocolate"
(despedida 2007)

Enrique Solinas
Nélida Nápoli
Sebastián Basualdo
Paula Varsavsky


Estimados amigos, están invitados al segundo encuentro de lectura de microrelatos acompañados por una deliciosa taza de chocolate caliente.




Los esperamos el sábado 8 de Septiembre a las 17:00 horas en Librería Fedro de San Telmo ( Carlos Calvo 578).




El ciclo es coordinado por la revista Los Asesinos Tímidos.

La entrada es libre y gratuita.

Los esperamos!

Juan José Burzi
Los Asesinos Tímidos


http://www.losasesinostimidos.blogspot.com/
http://www.fedrosantelmo.com.ar/



jueves, 6 de septiembre de 2007

En el cielo tácito

Florencia Walfisch y Carolina Esses leyeron estos textos en la presentación de "El cielo tácito".

Celebrar la aparición de un primer libro puede tomarse como un rito inaugural. Un rito de pasaje o bautismo donde, en el recorrido de la propia escritura, en un momento y lugar y en una ceremonia compartida , se señala un hito: que un texto pase a la órbita de lo público, al universo inmenso de la mirada de los otros.
Siguiendo esta posibilidad, el hito sería el libro y el ritual un encuentro como este, donde personas por distintos caminos confluyen para participar del festejo.
En mi caso y por ser muy breve, conocí a Ana en esta misma sala, junto a otras amigas y amigos poetas, en un encuentro no menos inicial. Compartimos recorridos y búsquedas y sería hablar desde quien no soy si no dijera la emoción y la felicidad que siento en este momento.
Fui testigo de la pasión y entrega, la rigurosidad y el compromiso con que Ana le dio forma a este libro. Lo que sigue no es más que una lectura posible, cargada, sin duda, de la más absoluta subjetividad.

Hay acaso un saber en la niñez que se sabe íntimamente, y del que no se puede dar cuenta sino hasta después. Cuando aquello es pasado, cuando ya se es adulto y se reconoce esa fragua, esa impronta que se tejió entonces. Anclado en la simiente de la infancia para desde ahí vertebrar el cuerpo de su voz, la mirada de el cielo tácito se va esparciendo, regando, entrecruzando.
Arropada en su misterio, su voz da cuenta, al mismo tiempo, de haber tocado filos, zonas de herida, de dolor, de inocencia y de secreto saber. Con la factura impecable de un lenguaje afinado y lírico, agudo y hasta filoso o perturbador en su extremo- entretejido de lo no dicho- las palabras recrean un vislumbre, un ver a través de una puerta entornada, una puerta de siesta. Acaso recordar sea eso, reorganizar en un calidoscopio los pedacitos de aquello que la vivencia ha dejado en nosotros.
Vertebrado en cuatro partes reconocibles, aunque no por eso excluyentes o puras, va desplegando su eco de voces. En el inicio se instala la noción del devenir y la muerte y la pertenencia a cierto linaje femenino, y desde allí el pasado y el presente comienzan a alternarse a través de miradas que se van multiplicando.

Hay el trasluz de un recorrido repleto de fuego, de un ardor silencioso. Ardor por la memoria, interioridad en la memoria. Mundo ocurriendo allí donde aparentemente hay quietud; dualidad.
En un registro que roza por momentos lo onírico y que permite mirar sólo por vislumbres, casi tangencialmente, esa noción se abre como memoria atemporal, y pasado y presente dialogan, se construyen y deshacen. El tiempo se instala como circulo u oleaje.
El presente recrea a la mirada de la niña, siempre a través de un deslizarse por el lente de la que se es hoy. Por un lado, es la mirada que recuerda, rememora a esa niña, y por otro, esa mirada de niña tiene la peculiaridad de su lente y también esa inaugural forma de habitar la soledad, la intimidad, la instancia de nosotros mismos donde no hay nadie más.
Donde se dice en pasado muchas veces se recortan escenas del presente, y desde el presente se enuncian escenas que transcurren ayer, antes, en otro tiempo. Como si ese oleaje y esa temporalidad, hicieran que pasado y presente fluctuasen por vasos comunicantes continuos, como un respirar en ambos tiempos.
Aquí y allá se habita ese tiempo dual, aparecen la siesta y la noche y su correlato de vigilia y sueño. Pero la siesta puede ser sueño o vigilia y la noche puede ser insomnio, desvelo. Puertas adentro hay un mundo doméstico, femenino, pero encumbrado de mares y mareas, de recuerdos y paisajes; esa vigilia es la niñez que no duerme siesta, un viajar como un torrente, fuego. Lo detenido contiene la vida y todo movimiento puede connotar penumbra o extinción. Los sentidos se invierten; lo que tiene que cobijar abandona, lo seguro desasosiega, el desierto ampara.
Así se va trazando una parábola que encalla en la conciencia de sí. Esa voz ejerce su linaje sin complacencias, sabe de su soledad, arranca de sí la devoción necesaria para darse su matriz y forja su sello, se pare a sí misma. Desde ese arco se abre y nutre el mundo de los hombres, con los hombres y la particularidad de ese calidoscopio de mujeres.
La cuarto y última parte instala otro presente, un presente que es hoy pero también es después, como si ese hoy ubicara la llegada a puerto tras una larga travesía. La oscilación es otra, como si se evocase el pasado sólo para rastrear esa conciencia que hoy se habita. cuándo lo supe? título y pregunta inaugural de ese arribo que se palpa y que aunque se sabe siempre tránsito, asume otro estadío.

Podría decirse que la memoria atemporal encarna en un cuerpo, y que ese cuerpo es texto y voz de los poemas, incluso cuerpo del linaje que desfila en ese devenir no lineal. Ese cuerpo precipita su forma, su conciencia, su sensualidad, su inocencia. Y a la vez construye, en la paradoja de saber su finitud, su noción de eternidad.
Los poemas se despliegan y se agrupan como en un desfile de fotos, de recuerdos, engarzando imágenes en un tiempo circular que dan cuenta de lo que hay y lo que falta, de un todo incompleto. En toda incompletud está la infancia, en todo crecimiento cierto sismo. El tiempo atraviesa inexorablemente todo aquello que somos y que fuimos. Y en la cadencia única de lo que vibra en nosotros, la voz se abre paso.
De un modo depurado y maduro, propio y minucioso, dotado de un lirismo original e intenso, va poniendo en escena, por destellos, la vastedad y singularidad de su mundo y da cuenta, en cuatro tiempos, de quien enraiza para nacerse y de quien ha hecho del cielo tácito su arribo y su morada.

Florencia Walfisch


Las últimas veces que visité Montevideo, donde nació Ana, la ciudad estaba casi sumergida en la bruma. No sé si es algo que suele pasar en la costa uruguaya o si fue simplemente el azar, pero guardo este recuerdo: una niebla baja que carcomía los bordes de las cosas como si las desdibujara o como si, usando una imagen de El Cielo Tácito, las mordiera. La claridad del paisaje aparecía por momentos, en destellos o latigazos: Plaza Independencia, Plaza Matriz, el puerto.

Algo similar me sucedió al leer el libro de Ana. Poemas que invitan a ver –una escena, un paisaje- y al mismo tiempo instalan una sombra, como si esa sombra fuese condición del objeto deseado. Cito: “Ella invierte en ver pero quisiera/ montar el velo de su luz femenina.” Así, la escena –de la infancia, de los encuentros nocturnos- se construye del otro lado de una red “esparcida por la bruma”. Red de lenguaje que oculta y descubre, voz que vela lo real y lo transforma en imagen poética: son esas escenas brumosas, llenas de vapores, de cuerpos que “transpiran mareas”, visiones en las que se respira una polvareda hipnótica.

Esta intemperie húmeda (uso palabras del libro) en la que el cuerpo se mueve como barca sin brújula –intemperie que no es necesariamente exterior sino que puede ser el espacio de la casa materna - tiene un límite, un horizonte: un cielo tácito. Cito, la primera parte del poema Blanco y Negro: “El fulgor/ blanco y negro repetía/ alma corazón./ La ventana abierta, el cielo tácito./ La piel sin cicatrices”

Detrás de la ventana, el cielo callado y por qué no faltante, pero en su falta más presente que nunca. Como un anhelo. Este cielo implícito, sobreentendido, supuesto, es el límite del paisaje, inasible en su transparencia pero concreto como último plano de la mirada.

Y digo que el cielo tácito es el límite del paisaje porque la poesía de Ana piensa todo el tiempo en términos de acumulación de imágenes visuales, algunas de ellas en la mejor tradición surrealista. Esta acumulación es uno de los recursos fundamentales de su poesía: cada verso pareciera tener una segunda o una tercera versión, como si cada palabra tuviera su sombra, su cielo tácito en el verso siguiente. Leo: giraste/ trompo de patio hacia la voz que calma./ A tu lado mis ojos/ aureola líquida (...) y yo, brazo de globo/ vocación de rueda/ me alejé.” pág. 11. Otras veces es la acumulación de la acción lo que le da esa apertura al poema, lo que hace rodar la significación. Leo: “Un ave como zorra la distrae/ le acuna la lengua/ le borra el ombligo” pág. 15. Pareciera no ser la sucesión lineal de acciones o de imágenes, sino su simultaneidad, la posibilidad de que todo eso sucede y al mismo tiempo lo que articula los poemas. Hay un abrir lo escrito, una expansión, un juego celebratorio de las posibilidades de la palabra.

Como suele suceder con los primeros libros aquí también se quiere plantear el origen de la voz poética, la necesidad de ubicar el propio poema en relación a una genealogía: son los versos de Marosa di Giorgio, Delmira Agustini, Olga Orozco y más acá en el tiempo, cerrando el libro, Susana Szwarc. Cada uno de los epígrafes hace de síntesis de lo que vendrá después, como si la poeta –instalada en la expansión del lenguaje- hiciera uso de cada una de estas autoras para sintetizar en una imagen lo que sus propios versos extenderán después. Di Giorgio y la visión perturbadora de la infancia, Delmira Agustini y una noche surrealista que “suda cuerpos”, Olga Orozco y la nostalgia –siempre vital nunca pasiva- de visiones anteriores y por último la imagen de Szwarc que nos lleva al presente de la pregunta por la conciencia: “¿Cuándo lo supe?”
Como esa pastora del poema que en lugar de descansar mientras protege a sus animales invierte su labor: suelta pájaros y come pan del pecho del otro, hay en los poemas de Ana una gran generosidad. Palabras que se multiplican en imágenes, que lentamente corroen la experiencia, la certidumbre del propio cuerpo pero a las que el yo –empecinado en ver a pesar de todo- no renuncia. En palabras de Ana: “Esa imagen me atraviesa/ como lanza desgasta/ mi parte mordida” pero esa imagen, que lentamente se va formando a través de cada uno de los poemas no se detiene, ni siquiera a pesar de que detrás de la ventana se esconda como dice en un epígrafe Miguel Hernández, “una gran soledad de rugidos” o quizás porque la poeta sabe que entre esos rugidos se puede encontrar también la palabra cómplice del otro que, como en el epígrafe de Alberto Muñoz, la llame “hermana".
Carolina Esses



Gracias también a Silvita Dabul, la cuarta en la foto, que leyó poemas del libro. La quinta, no sólo estaba allí: teñía todo con su tibia emoción.


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Cónsul honoraria


Un poema de Paulina Vinderman


Cónsul honoraria

Te escribo desde la nada,
pequeña oscura funcionaria que ni siquiera ve el río.
La cúpula rota se refleja en los charcos
cuando llueve
y es el único sitio en que brilla el destierro,
la única moneda que parece de oro.

A la hora del café todos hablan de nada,
se espera una tormenta (que pueda desprender el esmalte
del aire) o la notificación de otro destino.
Me siento como un cónsul en mi propia ciudad:
un poema reseco debajo del informe, la mitad
de una carta, una invitación para la fiesta en el muelle.

Esa mujer con los ojos muy pintados debo ser yo,
la que saluda bajo la luz naranja
de los faroles de papel e imagina a una goleta
amarrada a unos pasos
y a su escritorio flotando en alta mar.
El viento es débil
y la humedad de las plantas el punto de impresión.

Una ciudad, otra ciudad, se inclinan sobre mi vida
con su historia (y no lloran la mía)
Nombres tan fuertes como árboles,
tienen razones para llegar al cielo e intentar
resistir al huracán (que también gime un nombre)

La vieja furia por no saber donde piso está presente
(como un clásico)
Una niebla que se levanta del agua y oculta
el horizonte.
Veo mis pies, veo el repliegue,
la noche que termina sin haber empezado,
un cuaderno de notas en los hospitales del mundo.
Una locura de cristal, acuartelada.

Paulina Vinderman
"Bulgaria", 1998


Lo elegí porque me deslumbra el universo que construye, además de estar escrito con una precisión que admiro. Y - como la poesía de Paulina en general- posee hondura sin solemnidad.
Este poema se instala en un universo urbano, de oficina, pero lo hace desde la interioridad. A ese escenario asistimos casi sordos: como si lo viéramos desde adentro de una niebla que se levanta del agua y oculta el horizonte y que parece ser el territorio más certero entre tanta irrealidad.
El territorio es la nada, el destierro. Una noche que no llega a realizarse. Sólo la furia (vieja, que siempre ha estado) parece brindar al yo algo reconocible y propio, en la neblina. De eso propio, sólo se ven los pies, y por tanto la posibilidad del tránsito. Así es posible esperar la noticia de alguna transición: una tormenta que notifique el traslado.

El yo es una exquisita fragilidad que se atrinchera, un cristal (entre escritorios) que se resguarda. Lo demás es exterioridad y desdoblamiento: esa mujer con ojos muy pintados (...). Un cónsul en la propia ciudad, un elegido que a nadie representa o cuya representación es inútil, vana. Un habitar entre elementos caducos o remanentes de pequeñas destrucciones: un poema reseco, una cúpula rota. Cuadernos de notas en los hospitales.
En un aire recubierto y cargado, se entrevé una esperanza: que vuelva la lluvia, el agua que limpia o mejora.
Arriba, en el cielo, ocurren otras cosas: un huracán, nombres fuertes, gemidos. Hay ciudades que padecen su propia historia y que se inclinan desde la ajenidad: no lloran por otras.
Abajo, el único brillo está en los charcos, en lo que queda de la lluvia, entre lo débil del viento, la insuficiente humedad de las plantas. Y sólo queda imaginar el altamar, esperar la tormenta . Algo que, intuimos, en el mejor de los casos, tardará en llegar.


Cuadro: Caridad Pontes. "Bloqueo". Óleo sobre tela (1999).

martes, 4 de septiembre de 2007

Tropel de huida


Abandono
I

Llegó a la casa como laurel.
Ventiló el mediodía.
De cada rincón tomó
su bramido de cuna.
Lo atizó

en los brazos. No pudo
cobijar tanto calor.

Desde la alfombra lo vi salir.
Mi lupa en su hombro.

En silencio
solté un látigo enredado.


II

Un esbozo de tibieza
saturó como ardor
su nido.

Evocó la intemperie
temple de viento.
Su brazo
curtido de escarcha
devolvió la taza para tiritar.


III

¿Hacia dónde rueda este tropel de huida?
Como velo de espinas
tapiza recuerdos.

Deja una paloma poblada de brasas
le quema lo aéreo
lo terrestre.




Ana Lafferranderie
"El cielo tácito"



Dibujo: Jordi Rodríguez-Amat. "Esther". Lápiz sobre papel.



lunes, 3 de septiembre de 2007

Soy mejor

Foto/ postal de Mae West

Especialmente dedicada a Florcita, que me dio esta postal (por si se le ocurrió que debería identificarme con ella) y para mis amigas en general: va esta sutil reflexión en la voz de Liliana Felipe ... (y me la escuchan en-te-ri-ta, hasta la frase final, por favor).


Free boomerang cards: "Homenaje a Mae West (1893-1980), la mujer que sacó la sexualidad del dormitorio y la llevó a la pantalla"

domingo, 2 de septiembre de 2007

Canción posible


Con el recuerdo de tenerlo sentado a mi lado en el césped del Franzini, porque yo estaba con Ilse, que lo conocía y él estaba ahí, inquieto y en posición "buda", sin sonreír pero conectado, accesible y ajeno. Esperábamos que Viglietti subiera al escenario, en el ritual del regreso. Ilse le preguntó al Darno por la primera estrofa de "El instrumento" y él cantó a capella para nosotras, mientras Viglietti se calzaba la guitarra y empezaba a cantar desde el escenario, algo que Eduardo aún no tenía permitido hacer.
Así, con ese recuerdo, recibí en marzo la noticia de su muerte, a la cual no me adapto, como suele ocurrir con las muertes. No quise saberla, no tuve ganas ni espacio para sopesarla porque me aturdían otras  menos corpóreas o porque la suya traía demasiados trenes y encadenamientos.
Ahora, como suele suceder, una cosa trae la otra, la noticia vuelve y uno se resigna a comenzar a aceptarla.

El año pasado vi que en su blog, Fabián Casas mencionaba la música del Darno. ¿Dónde se consigue?, preguntaba. Y también ¿cómo localizar a Darnauchans?, dónde vive?, se lo puede llamar por teléfono?.
Ahora, desde ese marzo de este 2007, sólo se puede (aún con lo que son sus discos, cabe ese "sólo" cuando falta la presencia) retomar "Sansueña","Nieblas y neblinas","Zurcidor", "El trigo de Luna" y tantos. Sus canciones emblemáticas y las menos difundidas que siempre parecen las mejores, como "Un transeúnte". Sus más recientes canciones sefaradíes. Su rock y su milonga. La musicalización de algunos poemas como "Miente", de Francisco de Icaza. La dulzura de las melodías y al mismo tiempo su facilidad para eludir, casi siempre, los lugares comunes.
Se puede bajar "Balada para una mujer flaca" en el mp3 de tu hijo y que te diga "está bueno el tema del tipo ese que canta raro" y vos te acuerdes de Montevideo, de las clases de teatro con Cerminara, de descubrir una poesía, un ritmo, de Dani y el "repertorio" donde era infaltable "Memorias de Cecilia", de "Épica" junto a la foto de Mariana Zaffaroni, de todos los cassettes que grabó el Gaby, de que vos fuiste, una vez, también, para alguien, la amiga de los mozos.

Algunas letras de sus muchas, muchísimas canciones:
Balada para una mujer flaca

El sol que sale y sin embargo el frío
y por los mundos te busco en vano
entre adoquines de espanto y casas cansadas
y puertas olvidadas de su voz.

Mis pasos suenan en el alba muda
y no hay conejos en tu balcón.
Y la soledad gata mía en el umbral
de una catedral de sueños...

Como quisiera escribir una canción
que te volviera loca
y volarte tres años atrás
mujer flaca.

Que no asesine el movimiento muerto de los días
tus versos limpios en el cementerio
escudriñando entre lápidas severas
el nombre del nombre que tuvo la risa.

Un cielo cínico de planos grises inclinados
cubre la plaza como un cielo raso.
Ya no hay mañana esta mañana por aquí
bajo las rotas mejillas de abril...

Como quisiera escribir una canción
que me volviera otro
o yo mismo tres años mejor
mujer flaca.

De tu ventana hasta aquel jueves santo ¿cuánto queda?
aquel milagro de carretera
con el pulgar paralelo a la sonrisa
y tu temblándome en el costado.

Como quisiera escribir un vuelo
para volver un canto
que nos corra el olvido y el fin
mujer flaca.

El instrumento

Conocerse, claro está
que necesita su tiempo
con años que albañilean
y años de derrumbamiento.

Pero cuando todo es potro
mujer baile vino viento
y la carne nos sostiene tanto más
que el hondo hueso:

¿qué vas a andar preguntando,
si te das por lo derecho?
y es tu voz la que te dice
si la promesa es lo cierto.

Y de pronto se volaron
la mujer el vino el fuego
que sostenía las carnes
el temple del instrumento.

Y en un cantor de boliche
me conocí el ejemplo
ya perdí mi compañera
desatame de este enredo...


Épica

Andarás por algún lado
dándole sentido al aire y a las cosas
justificando la ruta
de los helicópteros y de las palomas.

Irás como de costumbre
en un delirio de abedules y palmeras
restituyendo a la luna
sus antiguas llanuras
su color de estrellas

Ordenarás tu cabello
dibujando lágrimas entre las ruinas
de los silencios del mármol
despejaste los números de tu sonrisa .

Amiga de los ciclistas
de los locos de los osos hormigueros
de los mozos de los mares
de los sueños de liquen
en los ventisqueros.

Sin ti no hay canción posible
ni respira el día sus mejores vientos
y algo con un algo triste
se me posa en los labios
y me da el silencio.

Vas quemándome las dudas
vienes encendiéndome las esperanzas
y te duermes en mi cama
y amaneces despierta, es tuya la mañana..

Eduardo Darnauchans









Aquí el único clip que grabó: "Sansueña", hace quince años, con algunos datos sobre su concreción. Y su cara en la ventanilla, con una expresión que no quiero olvidar. (Gracias Gabriela Onetto)
Aquí, versión en vivo de Épica , que se siente menos pulida que la versión del disco y a su vez más "hablada", pero con la compensación del tono íntimo que hoy lo acerca.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Su corazón maduro


Cuando el mundo era enorme
como la antesala de un mundo vacío sin alas ni valles
sin regiones de tierra y sin el aire en el corazón y los ojos
sin tu voz abriéndome el cuerpo como desesperado gesto de vida
en mi vida cuando emborrachaba de ahogo mi corazón maduro y mis
dos tetas
firmes testigos de tu oscuridad que se disuelve
en el tiempo sin su duración sin regiones y sin aire

cuando el mundo era la enorme antesala del mundo
y tu voz se abría paso entre mí como por entre el único
sitio posible aunque
incierto.


El espejo anterior a su rostro. desnuda el recuerdo anterior de lo que tuvo. tiene la presencia en sus manos cargadas de flores. aquello inventa mil formas de lo que espera. en el ruedo, aquello sobrando como identidad y palabra. donde dice aquello debe decir tibio animal nuevo que es capaz de arrancar el dolor gota a gota de su corazón entumorado. donde dice aquello debe decir tibio animal nuevo que la besa hasta arrancar ese cuerpo lentamente. donde dice debe, debe haber un blanco grande; la presencia de lo que no existe. donde dice aquello debe decir: cuerpo de sí misma que renace en el centro de su nombre y la libera. donde dice, debe decir lo que no se consuma, donde dice eso debe decir no eso. donde dice "bésame mucho", debe decir siempre te amé. donde dice escribe debe decir su escribir le pertenece.


Cruza una plaza desnuda. su cuerpo trabaja a favor de la intemperie como su corazón. el hombre bebió de su copa y ella contó las gotas una a una. el recuerdo se hizo húmedo como entonces sus piernas entre los brazos de él: sueltos como en el sueño; llegados al hueso como hace tres párrafos; quebrados sobre la escalera de los siete escalones; crudos como los huevos en la sopa; como los párpados después del alcohol; crudos como crudas las palabras desnudas, como desnudo su cuerpo, como cruel la verdad de nosotros. ellos. cruel la verdad suya.


Florencia Walfisch
"Sopa de ajo y mezcal"


Cuadro: E. Hopper. "Compartimento C, coche 193". Oleo sobre lienzo. (1938)

Florcita tibia. Delicada y suavemente intensa. ¿Temeraria?. Apenas sombría (de sus costados fluctúa luz hacia zonas que atemperan).
Es elástica y abarcativa; tiene la capacidad incrementada de estar presente.
Toda ella piel que está y es, a cada hora, certidumbre. Vibra en sus dudas. Y es, prematuramente, sabia.


Jardín en movimiento


Dos poemas de Enrique Solinas

de su precioso libro "Jardín en movimiento".



Cambios Climáticos

Padre,
hoy te vuelvo a encontrar
en esta ciudad desesperada.
Charlemos sobre el tiempo
que es mejor
a conversar sobre otras cuestiones.
Hablemos de la lluvia o el sol
pero no me preguntes
sobre la muerte que nos sucede ahora.

La idea de parecerme a Jean Paul Sartre
aún me seduce
como el sonido de un cuchillo,
atravesando la realidad
(y no te lo digo).

Toda muerte
primero sucede en las palabras
para luego llevarse a cabo
en los ojos
(y no te lo digo).

Padre,
hoy te veo
y al mismo tiempo veo al que seré,
pero distinto.

Ya nada se puede hacer.
Es necesario.
Mejor,
charlemos sobre el tiempo.


La que no está

Veníamos a reclamar
la transparencia nuestra de su cuerpo.
Hablaba tanto la difunta
que su silencio nadie
podía callar.
Qué tristeza,
los pájaros cantan la mañana.
Su cuerpo de nosotros tan perdido,
tantas veces perdido en nosotros.

Qué tristeza:
ser tan difunta
justo cuando veníamos
a reclamar su corazón.



Enrique Solinas



Cuadro: Dueñas Blanco. "Ventana y luna"




Errata: los últimos tres versos van con sangría, que sigo sin saber incorporar... si alguien desea auxiliarme : bienvenido