sábado, 4 de agosto de 2007

El océano que supieron abrir


A los 16 años, la Cinemateca Uruguaya era para mí algo cotidiano. Me acercaba a los autores, a la riqueza del lenguaje, a otros temas y climas: la sordidez, el tedio, la locura... Una valiosa escala de "grises" para una etapa con ribetes rosa.
Entre todo lo que vi en esa época, pasé por el impacto de "Fanny y Alexander". De esa película me quedó (hasta que volví a verla) el recuerdo de un escenario abarrocado y un clima opresivo. Y sobre todo: la visión de lo tortuoso en la infancia. No supe si me gustó: salí conmocionada. Fue mi encuentro con Bergman, imborrable.
Y así fue también mi acercamiento a Antonioni. "La noche" me conectó, en esa etapa, con el desamor. Anticipó mi devoción por Mastroianni, me llevó a una momentánea fascinación por Jeanne Moreau.
Después gocé (aún padeciéndolas) de otras películas de ambos directores. Leí sobre su mundo y sus planos emblemáticos, escuché sobre sus aciertos y sus distracciones. Afirmé hacia ellos una mirada cálida, una actitud receptiva y agradecida. Quizás en mayor medida a partir de otras películas, que hoy prefiero. Pero esas primeras historias quedaron asociadas a la sospecha y la revelación que me atravesaban cuando descubrí la pasión por el cine. Y ellos dos, (emblemas tan vivos) a la ruptura de lo previsible, al océano que supieron abrir.














En una entrevista, al referir a su decisión de no filmar, dijo Bergman:
"En la última película que rodé, empecé a temblar. Esa película se llamó Fanny y Alexander y el rodaje duró siete meses. Era una serie de televisión y trabajamos todos los días durante siete meses, sin parar. Al final del día tenía que tener mis tres minutos y había tantos actores y actrices. Me dije a mi mismo: si quieres vivir más tiempo, tienes que prepararte para la vejez. En cierto modo, fue una despedida maravillosa. Trabajamos juntos, nos reímos juntos, lloramos juntos..."
"Lo que he intentado hacer durante mi vida es crear cosas y darles vida. La vida creativa esta llena de destrucción y está constantemente amenazada. Hay tantas tentaciones, tantas veces que dejas algo que has querido hacer, hay tantos compromisos..."

Por esas paradojas que afectan a los creadores - como si algo perverso quisiera silenciarlos o una mano autoritaria los alejara de la omnipotencia- Antonioni pasó más de veinte años limitado por las consecuencias de un accidente cerebro vascular. Hoy leí que cuando le preguntaron si creía en Dios, dijo: "sólo a veces, por las noches".


Gracias Silvita por ayudarme a postear fotos luego de texto...