domingo, 19 de agosto de 2007

En la quietud del paisaje

Martínez Novillo. Parece nieve, pero no. Óleo/lienzo. 2005

Poemas de un próximo libro de Carolina Esses. Delicados y luminosos. Con la parcimonia de lo que simula detenimiento. Y el silencio que rodea la claridad de lo que habla.


Tarde en el lago

1

Frente a lajas transparentes
de agua, paso horas, como si fuese
a resbalar desde el sillón
atravesar la ventana
y caer.

Escucho sonar el teléfono,
llaman
a esta orilla de piedras negras
donde me recluyo. O no,
estoy al alcance de la mano de cualquiera
y esta soledad que fabrico
es ficticia, mentirosa.


Barcos

Pasamos el domingo
como dos transatlánticos abriéndose paso
en la densidad de un banco de arena.
El día apenas comenzaba
y ya estabas en lo tuyo, tu ocupación
era el blanco de todas mis especulaciones.
Era nuestro primer domingo juntos y se te veía cómodo.
Yo daba vueltas por la casa
como un pez en la oscuridad del fondo marino.
Saber compartir el silencio es la base
de la comunicación, leí en alguna revista
o lo inventé hablándome a mí misma
ese domingo. Te miré desde cada ángulo de la casa
y me pareciste extraño a cualquiera de mis rutinas.
Cuando me acerqué, no tuve dudas,
un reptil inmenso se había escondido
en el iris de tu ojo
y supe que sería una cuestión de tiempo
hasta que vos también vieras en mí
tu parte más ajena.


Bisontes

Como una procesión antigua
como si alguien dijera afuera está helando
una manada de bisontes ha hecho cueva
en nuestro silencio cotidiano.

Husmean
como chicos encerrados en departamentos
una huella, algo que no aburra.
Cae sobre la alfombra, exhausto, un bisonte.
¿Es su destino morir así
en lugar de dejarse llevar una noche
a través de la estepa cubierta de nieve?

En reposo pareces un animal enfermo
no herido, ni ultrajado por un cazador,
sino enfermo.
¿Mueren así los animales?
¿Engañados como nosotros en la quietud del paisaje?



Carolina Esses