jueves, 23 de agosto de 2007

En el lecho de los amantes

"Luna y sol". Zabeliz . 2007.



Un poema de Mercedes Araujo, del libro inédito "El cuerpo del rey":

Antonio y Cleopatra/ serpiente tigre

Abrazo trémulo en el lecho de los amantes
Serpiente del viejo Nilo arrastrado me deleito
yo Antonio en el dolor que me inflige

[anillos rojos negros blancos y amarillos]

Ser más Antonio el bravo general
ojos sin temple rendido, claman ríen
los buitres urracas, si alguno lo intentara
ser el pescado salinero atrapado en arpón
serpiente tigre serpiente ciega, por la noche
vestir sus atavíos ella se enfunda mi espada
es el fuelle y yo el delicado abanico
de la fogosa que llora

[el embrión es macho y hembra]

Cleopatra es Antonio, Antonio es Cleopatra
hacemos libaciones, cambiamos lugares
“romano, fuiste la mujer y yo el hombre,
te curvé en un lecho de oro regiamente
adornado”

[lengua que bifurca
corazón de tres cavidades]

miméticos el sol viril la luna coronada
comer luchar huir aparearse Cleopatra
¿Cómo se logra?
desenmarañarse arrancarse
destrozar la piel escurrirse de la sombra
¿Cómo se vuelve? cada uno a su especie
a su familia a su patria a su columna
vertebral

[los ofidios escamosos son simétricos
bilaterales dobles gemelos
imitadores]

¿será en la muerte? donde una nube
parece un dragón
una ciudad suspendida
una montaña de doble cima
balanceándose sobre nuestras cabezas.


Mercedes Araujo



Me gusta el lenguaje, que acompaña la idea de otro tiempo y facilita transportarse a él. Un lenguaje que podría generar distancia y sin embargo el poema resulta cercano.
Efectivo desde el ritmo, atractivo desde los cambios en la voz.
Lo más importante: conmueve. La universalidad de la pasión que transmite, la imposibilidad como circunstancia, la pregunta por el encuentro y la separación.
Se vale de elementos simbólicos con imágenes potentes, como esa mimetización entre la "luna coronada" y el "sol viril", o "el delicado abanico de la fogosa que llora".
Sobre el final despliega melancolía: ¿cómo se vuelve?... a esa columna vertebral (insoslayable, imprescindible) que es el propio mundo y la propia historia, es la "patria" y la "especie": es toda identidad.
Queda la ilusión triste, incontrastable: otro tiempo, otro encuentro, coordenadas incorpóreas para el amor.