sábado, 28 de julio de 2007

Manzana 49

Me acerqué por primera vez a los poemas de "Manzana 49" en la presentación de "Duelo". Apoyada en el marco de la puerta, escuché a Romana desde un oscuro encantamiento.
Con todos los sentidos orientados en una sola dirección, suspendida en ese espacio donde los elementos de la ciudad conviven con las partes del cuerpo. Objetos atravesados por lo definitivo; un aura irreal entre las cosas que las hace densas y acechantes.
Un territorio donde no hay paredes, sólo techos fantasmas, casas de aire. Sonidos lejanos, el ruido de una pala.

Los insectos con su frágil condición de vida: cascarudos (o niños?) devorando cruces, hormigas que son terreno donde apoyarse. El agua oscura que itinera entre lo que ya, casi, no vive . Detrás, en el horizonte de una ciudad lúgubre, telón de fondo, signo soslayado y por eso más presente e inquietante: humo humano que asciende.


Estoy sola, a kilómetros de la manzana 49.
Vi casas. Techos fantasmas en miniatura.
Después, dos chicos persiguiendo cascarudos
devoradores de cruces. No vi paredes. Sólo techos.

Una canilla perdiendo agua. Hilo oscuro de agua
que cambia de un florero a otro. Rejilla cubierta
de hojas alargadas y, al oeste, humo humano
ascendiendo en forma de pino invertido.

No vi paredes. Estoy sola. Sin paredes
no hay miedo. Recuerdo el precio de una placa.
Mi mano en el bolsillo. Mi brazo sin mano.
Voz que dicta un nombre parecido al mío.



Ahora lo oigo arañando, alejándose,
irreconocible salvo por su tobillo.
No veo su espalda pero se aleja de mí y
de cien mujeres punzadas en fotografías;
de una sola mujer a través de acueductos aéreos.
Quiero convertirme en un tubo de hierro.

Porque si fuera oxígeno
no huiría.
Si fuera madera
no ardería.

Cubierta de aire sobre los escombros
si fuera hombre tomaría una pala y esperaría
las órdenes de su tobillo.




El tiempo está sentado entre nosotros
como un perro ciego. Se refiere a maneras
de brazos que descargan. Lo recuerdo
guiando un carro frente al cortador de reses.
(La cuchilla atravesando el mediodía. Conservas.
Enormes heladeras y aves congeladas).
No como debería ser: adultos
que pagan por lo que llevan. Me ubico
en la fila y toco las monedas dentro del bolsillo.
Pero no hay carros y estoy sola. Nadie se hace
responsable de mis actos. Da lo mismo
una hilera de cruces que una ristra de ajos.
Camino. El cortador limpia sus manos.
Borro lo que escribo. Todo.
Excepto la carne.




Soy tobillo.
Sustancia carnívora
en oposición a mí misma.
Recuerdo tubos de oxígeno
pero no alcanza para describirlo:
fue amado por una mujer.

Y desconocido por mí.




Cecilia Romana
Poemas de "Manzana 49"
En "Duelo", Ediciones en Danza, 2005.



Ilustración: Faedyl/ Lucía Polanco (Dice su autora: "Esta es la bellísima Faedyl dae Ankhalima, semi-elfa de alta estirpe de Amazonas aunque criada entre algodones de la alta sociedad, toda bondad y sentimiento que atrae irresistiblemente a los hombres por su poderosa belleza pelirroja y piel inmaculada")