Un universo que lacera. Sacude. Detrás de sus códigos y su espacio inapelable, la voz aparece para invocar la cura de sus vestigios, sus consecuencias. No pide la modificación de lo que es, sino el alivio definitivo de lo que queda.
"hay que curar/ para siempre/ al que sufre"
De pronto una palabra, una imagen repele. Pero "Carneada" es más que el efecto de una imagen. Es un viaje de valiosa intensidad, guiado por su respiración- exaltada o agónica -, su temperatura tibia como la vísceras, sus sonidos hechos de lamentos, alaridos, también de risas infantiles...
Sobre un mundo a la intemperie, "Carneada" es la naturaleza en sus escalas disímiles. El mismo sol que "exprime sombras" cuando "un niño acecha/ entre los pliegues del bosque", es el que quema porque la carne es vulnerable. Por eso el niño huye del sol "como del ojo de la siesta", se aleja, transitoriamente, de lo visible y lo posible.
los que se pierden (II)
cuando la sequíase trague los pájaros
voy a andar sobre el suelo
olvidado de la luz
voy a recoger los huesos
nacarados
a medir sobre mi cuerpo
el largo de unas costillas
limadas por la sal
cuando reconozca
las huellas del perro
me sentaré
con una piedra en las manos
hasta que vuelva el agua
trampa para cazar caballos
en el suelo
una costra de maíz azul
sobre los granos
cae un potrillo
una espuma violeta
le corona el belfo
la hinchazón anestesia los ojos
atraviesa el barbijo
hay que quemar el aire
para evitar el contagio
la noche se ilumina
de relinchos
y no hay música
para acompañar el fuego
los caballos saben
cuando van a morir
pero no conocen
el color del veneno
Soledad Castresana
"Carneada"

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