martes, 31 de julio de 2007

Como un panal













Ay, Tarumba, tú ya conoces el deseo.

Te jala, te arrastra, te deshace.

Zumbas como un panal.

Te quiebras mil y mil veces.

Dejas de ver mujer en cuatro días

porque te gusta desear,

te gusta quemarte y revivirle,

te gusta pasarles la lengua de tus ojos a todas.

Tú, Tarumba, naciste en la saliva,

quién sabe en qué goma caliente naciste.

Te castigaron con darte sólo dos manos.

Salado Tarumba, tienes la piel como una boca

y no te cansas.

No vas a sacar nada.

Aunque llores, aunque te quedes quieto

como un buen muchacho.


Jaime Sabines

(Tarumba, fragm.)

lunes, 30 de julio de 2007

De otra sustancia


Animal de Invierno

Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.
Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.
Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.
He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré
que aún no soy la montaña.


El lenguado

Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.

José Watanabe


Para escuchar estos poemas y otros, en su voz : ir aquí

Para una entrevista televisiva en dos partes (YouTube):
aquí primero y aquí después


"El miedo circulará siempre en mi cuerpo como otra sangre". Me acerco hacia él, hacia su humanidad, hacia su poesía superior, a la perfección de sus poemas. Plenitud insuficiente: la fiesta triste que instalan los poetas.
Me acerco a él, a su vida, a su infancia anónima en un cruce de culturas, a la claridad de su voz que es llana y misteriosa.

sábado, 28 de julio de 2007

Manzana 49

Me acerqué por primera vez a los poemas de "Manzana 49" en la presentación de "Duelo". Apoyada en el marco de la puerta, escuché a Romana desde un oscuro encantamiento.
Con todos los sentidos orientados en una sola dirección, suspendida en ese espacio donde los elementos de la ciudad conviven con las partes del cuerpo. Objetos atravesados por lo definitivo; un aura irreal entre las cosas que las hace densas y acechantes.
Un territorio donde no hay paredes, sólo techos fantasmas, casas de aire. Sonidos lejanos, el ruido de una pala.

Los insectos con su frágil condición de vida: cascarudos (o niños?) devorando cruces, hormigas que son terreno donde apoyarse. El agua oscura que itinera entre lo que ya, casi, no vive . Detrás, en el horizonte de una ciudad lúgubre, telón de fondo, signo soslayado y por eso más presente e inquietante: humo humano que asciende.


Estoy sola, a kilómetros de la manzana 49.
Vi casas. Techos fantasmas en miniatura.
Después, dos chicos persiguiendo cascarudos
devoradores de cruces. No vi paredes. Sólo techos.

Una canilla perdiendo agua. Hilo oscuro de agua
que cambia de un florero a otro. Rejilla cubierta
de hojas alargadas y, al oeste, humo humano
ascendiendo en forma de pino invertido.

No vi paredes. Estoy sola. Sin paredes
no hay miedo. Recuerdo el precio de una placa.
Mi mano en el bolsillo. Mi brazo sin mano.
Voz que dicta un nombre parecido al mío.



Ahora lo oigo arañando, alejándose,
irreconocible salvo por su tobillo.
No veo su espalda pero se aleja de mí y
de cien mujeres punzadas en fotografías;
de una sola mujer a través de acueductos aéreos.
Quiero convertirme en un tubo de hierro.

Porque si fuera oxígeno
no huiría.
Si fuera madera
no ardería.

Cubierta de aire sobre los escombros
si fuera hombre tomaría una pala y esperaría
las órdenes de su tobillo.




El tiempo está sentado entre nosotros
como un perro ciego. Se refiere a maneras
de brazos que descargan. Lo recuerdo
guiando un carro frente al cortador de reses.
(La cuchilla atravesando el mediodía. Conservas.
Enormes heladeras y aves congeladas).
No como debería ser: adultos
que pagan por lo que llevan. Me ubico
en la fila y toco las monedas dentro del bolsillo.
Pero no hay carros y estoy sola. Nadie se hace
responsable de mis actos. Da lo mismo
una hilera de cruces que una ristra de ajos.
Camino. El cortador limpia sus manos.
Borro lo que escribo. Todo.
Excepto la carne.




Soy tobillo.
Sustancia carnívora
en oposición a mí misma.
Recuerdo tubos de oxígeno
pero no alcanza para describirlo:
fue amado por una mujer.

Y desconocido por mí.




Cecilia Romana
Poemas de "Manzana 49"
En "Duelo", Ediciones en Danza, 2005.



Ilustración: Faedyl/ Lucía Polanco (Dice su autora: "Esta es la bellísima Faedyl dae Ankhalima, semi-elfa de alta estirpe de Amazonas aunque criada entre algodones de la alta sociedad, toda bondad y sentimiento que atrae irresistiblemente a los hombres por su poderosa belleza pelirroja y piel inmaculada")

viernes, 27 de julio de 2007

En la casa olivada: Fabulosa Lampalagua


En la casa olivada. Entre las paredes blancas y el piano. Con un calor que se siente (lleven remera!!) :

Las enamoradas organizan una nueva lampalagua: poesía y fiesta.

Sábado 28 de julio a las 21 hs.

Villate 1409, esquina Córdoba, Olivos. (Frente a la quinta presidencial)


Leen los poetas: Delfina Muschietti Manuel Alemián

Allí nos vemos...

Si no saben cómo llegar, pueden pedir plano a las chicas, en el blog vecino...







Cuadro: Mujer en verde. Irma Dos Santos

jueves, 26 de julio de 2007

Bajo el ojo de la siesta

Llegó a mis manos: preciso, de gran sensorialidad. Osado en su decir: no elude las palabras que las escenas piden. Deja huella, roza con sus metales filosos y tiñe con sus colores corpóreos. Hace visible la interioridad orgánica desde la fragmentación, su carne mutilada, sus fluidos.
"papá se acercó/ con la navaja// el ojo era chiquito/ en su mano de héroe"

Equilibra y alivia cuando permite visualizar nuevamente la totalidad: el cuerpo infantil, nuevo, tendido sobre el césped o sobre las violetas.
"nos refugiamos/ en el tanque australiano/ flotamos/ en el sordo hechizo/ de las abejas"

Un universo que lacera. Sacude. Detrás de sus códigos y su espacio inapelable, la voz aparece para invocar la cura de sus vestigios, sus consecuencias. No pide la modificación de lo que es, sino el alivio definitivo de lo que queda.

"hay que curar/ para siempre/ al que sufre"

De pronto una palabra, una imagen repele. Pero "Carneada" es más que el efecto de una imagen. Es un viaje de valiosa intensidad, guiado por su respiración- exaltada o agónica -, su temperatura tibia como la vísceras, sus sonidos hechos de lamentos, alaridos, también de risas infantiles...

Sobre un mundo a la intemperie, "Carneada" es la naturaleza en sus escalas disímiles. El mismo sol que "exprime sombras" cuando "un niño acecha/ entre los pliegues del bosque", es el que quema porque la carne es vulnerable. Por eso el niño huye del sol "como del ojo de la siesta", se aleja, transitoriamente, de lo visible y lo posible.

los que se pierden (II)

cuando la sequía
se trague los pájaros

voy a andar sobre el suelo
olvidado de la luz
voy a recoger los huesos
nacarados
a medir sobre mi cuerpo
el largo de unas costillas
limadas por la sal

cuando reconozca
las huellas del perro
me sentaré
con una piedra en las manos
hasta que vuelva el agua


trampa para cazar caballos

en el suelo
una costra de maíz azul
sobre los granos
cae un potrillo

una espuma violeta
le corona el belfo
la hinchazón anestesia los ojos
atraviesa el barbijo

hay que quemar el aire
para evitar el contagio

la noche se ilumina
de relinchos
y no hay música
para acompañar el fuego

los caballos saben
cuando van a morir

pero no conocen
el color del veneno

Soledad Castresana
"Carneada"

martes, 24 de julio de 2007

Un jueves de julio en Fedro: cuatro poetas


Los invitamos a un nuevo encuentro del

Ciclo de Poesía en Fedro

En nuestro cálido living

escucharemos con enorme placer

a los poetas invitados:

María Teresa Andruetto, Susana Villalba,

Javier Adúriz y Gabriel Reches


El encuentro es el Jueves 26 de Julio a las 20hs
en Fedro, Librería y Espacio Cultural

Carlos Calvo 578 - San Telmo



4300-7551

Coordinan el ciclo:
Florencia Walfisch
Ana Lafferranderie
poesia@fedrosantelmo.com.ar

El (hermoso) rostro de quien es rebasado


Estamos en un bar, nos miramos,

ella y yo en un profundo silencio.

Tengo el rostro de quien

es rebasado, por ser dos en sí mismo.

El otro se alejó, para que hablemos.

Es tanta su hermosura...





¿Y si ella fuera ella

nada más, ella misma, ella sola,

sin mí para buscarla?

¿Una mujer es nada más que eso,

una mujer, y no yo, transfundido? ¿Por qué

no puedo verla, reconocerla en

su soledad?


Osvaldo Bossi
(poemas de "Tres")



Un bar de las Folies Bergère (det.) , Manet.



lunes, 23 de julio de 2007

Chiquitita la araña


1984, mayo


la muerte empieza a materializarse con tal delicadeza que

no se diría nunca "esta es mi muerte" sino

chiquitita la araña

tan chiquita

que apenas podías verla con los anteojos

de ver de cerca y aún así

pero su tela era

cómo diría

como si alguien te regalara un infinito de juguete

universo blindado

ojos blindados

ella se fue

nunca pude sacar la telaraña

Susana Thénon



Cuadro: Antifaz rojo, Maribel Moreno. Oleo/lienzo.

domingo, 22 de julio de 2007

Andabas parturienta y olías a anís...













En tu viaje: sorteando empedrados, con la sonrisa intacta. Buscando seda con puntillas, temblando en recovecos.
Nosotras aquí, añorando tu luz de octubre, tu afirmarte en los costados, la sombra cálida de los sombreros.
Oceánica, punzante, regaladora: brindo por tu alegría (con tus chelitas) y te abrazo.


Andabas parturienta y olías a anís

cuando jugabas con tus piezas:

negras y blancas, sin términos

medios. Mirarte era mi oficio.

Papá trajo guayas desde Veracruz. Como si

besaras sus manos, con la

misma fruición, comías.

Rasparme las rodillas, a eso

reducía mi deseo.

Sin mirar atrás, algunos días dejo de

mirarte y saber que no estás es

como saber que debo preparar

la cena. Así llegamos al futuro.

Tú, tan inasible siempre. Yo, vagando

en la avidez por las cosas

ligeras.


Rocío González (México)

"Lunacero"


Ladyfest Baires 07






viernes, 20 de julio de 2007

La evolución






















El blanco de la tapa y las escalas concéntricas. Dejarse atravesar por el movimiento. Aceptar lo inestable. Ese "no sé en las cosas/ que parecen quietas/ por apagarse".
Los movimientos que reflejan pequeños y grandes cambios; el "estrellarse" de los objetos, que despliega lo lúdico o instala ausencias implacables.

... "pero los giros que adopta la corriente (...) quién los prevé"

"La evolución" sigue dando vueltas en mi escritorio, sin llegar al estante, desde hace casi dos meses.
Porque no puedo copiar todo el libro, van sólo dos poemas, uno de la parte inicial, otro de la parte final. Y eludo los más reveladores, sólo por no restarle intensidad al descubrimiento.




De que estas escenas se sucedan
en una quinta con
demasiados árboles
con aves y hojas, demasiadas
en crecimiento, listas
para caer, nadie
tiene la culpa.

Si una pastilla emite ondas
-disgregarse en el vaso-
círculos concéntricos
el movimiento termina
nadie tiene la culpa.

Quién resiste
la efervescencia
la calma posterior.




Como siempre hasta el momento
duermo y despierto
hasta que el momento
se presente.

Duermo con temor y despierto decepcionado
con la razón y la fuente de mi temor.

El peso de cada palabra
hoy no provoca otra cosa que
sueño, un sueño inmenso.

Hay mapas en la mente
de colores flúo que jamás
elegirían para un afiche moderno.

Tos de Nina. Los ojos
deben mantenerse cerrados
-dice el libro del día
los chicos tosen
para doblegar.
Elegiría volver
cuando se arreglen las cosas.


Gabriel Reches (La evolución)

Río mío















A los que teclean y a los que compran copas. A quienes recibo y por quienes me expando. Los que contienen maremotos. Los que fueron y son río mío.

A la que no esconde sus camellos y a la que, en su verde, atrinchera. La del tifón interno. Las cordilleranas y las olivadas.

A los que aprenden a controlar el caos. O se mudan y siguen volviendo.


Amigos, a todos: feliz día!.






El sueño. Marc Franz. Oleo sobre lienzo. 1912.



jueves, 19 de julio de 2007

La ofrenda de tus Alasitas


Si fue la ofrenda de tus "Alasitas" con su sueño aletargado en la altura o el tono familiar de las palabras, su mundo no estridente... las remisiones rapaces...
"De algo que el lugar/ahora enferma/es el movimiento", dijiste. Algo aleteó despacio a mi costado. "No hay quien la mire/por eso es más libre". Una voz antigua rondando la casa.

Sea como sea, tu libro apareció hoy, una vez más, en esta noche con antecedentes promisorios para traerme a abrir la fragua.



Mercado
(II)


Cuando hay música en el mercado

ella baila con su pierna más corta

aplaude sin aire

porque tiene milagro

y las coles de su frente sudan

y ella es esa naranja,

ese mango verde y fortuito

que ha caído.


Pasea su pierna por la música,

se desafora,

los niños la persiguen

con sus puños agujereados

y ella los insulta cuando se ríe sola.


- Siempre se ha reído sola

y eso la hace más águila -


María Julia Magistratti

"Alasitas"



Cuadro (maravilloso): "Mujer azul", Merello. Acrílico/lienzo.