lunes, 13 de mayo de 2013

Volcar la cuna (poesía), de Ana Lafferranderie. Trailer presentación de Alejandra Correa.

Reseña

En este link, la reseña de Elba Serafini sobre mi libro Volcar la cuna, en el Periódico de Poesía de la UNAM Número 59, México.

martes, 16 de abril de 2013

Presentación de Volcar la cuna. Textos de Silvia Dabul y Florencia Walfisch.


11 de abril de 2013,  Beckett Teatro.
Presentación de Volcar la cuna, Ediciones del Dock.
Textos de presentación  de Florencia Walfisch y Silvia Dabul. 



Silvia Dabul

Cuando hace pocos meses me encontré  con la versión word de Volcar la cuna mi primera reacción fue de sorpresa. Un tipo de sorpresa feliz que inmediatamente dejó de serlo (en su condición de sorpresa, no de felicidad) ante el advenimiento de cierta comprensión. Sabía por conversaciones, café de por medio –esas charlas en donde desordenadamente se intercambian consejos para tratar adolescentes, confesiones amorosas, precios convenientes y pasiones poéticas– del largo proceso de trabajo de cierto libro, proceso que se me aparecía como misterioso y algo hermético. Recuerdo especialmente una mirada ensimismada de Ana, perdida en la ventana de un bar de la calle Lacroze al hablar de esos textos. Era coherente con su renuencia a todo tipo de exposición en tiempos de exhibición compulsiva. Ninguno de estos poemas fue anticipado o publicado en la red.
Una de las dedicatorias del libro explica de algún modo ese misterio. Rara o ninguna vez vi que un autor dedicara su trabajo a sí mismo, al menos no públicamente. Ana lo hace en la primera de las dos dedicatorias. Parece tomar distancia para observarse y pronunciar claramente “a mí, por el tesón”. Lejos, muy lejos de tener alguna implicancia egocéntrica, esas palabras justamente afirman su convicción de que el único camino que está dispuesta a transitar es el del trabajo paciente, solitario y minucioso. Y lo reconoce. La otra dedicatoria, a Irene por La dicha, revela otra faceta de Ana que quienes tenemos la suerte de tenerla cerca conocemos bien: su capacidad de intimidad y entrega, el lugar de privilegio que otorga a la confianza y la consecuente expresión de agradecimiento cuando eso sucede en el terreno que sea, el de las relaciones personales o literarias.
Después de leer esa primera versión creí adivinar el itinerario de una ruta transitada largamente, un ir y venir constante para extraer en ese recorrido la esencia más pura. No hablo del simple trabajo de corrección, sino de la tarea de elaboración de un objeto precioso y preciso. Cada texto del libro está cincelado como una delicada joya. No hay excesos, no se regodea ni por un momento en rodeos manieristas, cada palabra está allí porque le ganó terreno a otras impulsada por la limpieza de su propia energía. Por eso mismo cada una de esas palabras se mueve segura e imperturbable en una danza que parece pensada para una bailarina de butoh.
La ausencia de todo título, salvo el imprescindible que da nombre al poemario, habla también de esa vocación por conservar solo lo indispensable. El libro es un continuo en el que apenas hay un atisbo de separación sugerido por la inclusión de tres textos de Szymborska, Virginia Woolf y Louise Glück. Separación que a la vez une e integra, ya que como Ana, se trata de tres mujeres que viven sumidas en un mundo secreto y cuando parecen revelar su intimidad, aquello que dejan ver es más misterioso que lo que se oculta o calla.
Voy a cometer una pequeña infidencia. Cuando Ana me comunicó la decisión de que fuera yo una de las presentadoras del libro, además de agradecerle esa invitación que por muchas razones me honraba, le sugerí la conveniencia de que en mi lugar lo presentara alguien de renombre en el mundo literario. Ni por un segundo lo consideró. Esa elección habla también del modo en que se relaciona con los seres, las cosas y su propia obra: se abre a lo que es y existe, lo acepta o descarta. Y lo asume.  Sin cálculo ni especulación.
Es difícil hablar de aquello que es perfecto, por lo tanto estas palabras solo pretenden presentar una obra que es producto de la maceración, de la espera nutricia, una obra que demuestra que para llegar al punto de equilibrio entre virtuosismo y belleza no es necesario desplegar gran cantidad de producción sino profundidad.  Porque esa es la palabra exacta, se trata de la obstinada búsqueda de profundidad en un libro que se hunde para proyectarse lejos, una flor de loto que reconoce el barro que la propicia y emerge desde aguas muy hondas. Si como dicen, el loto puede germinar aun después de treinta siglos, augurios entonces de larguísimos frutos para esta obra, que despliegue sus mil pétalos y, como en palabras de la misma Ana, se convierta en Un deseo que cumplido se propague como luz.




Florencia Walfisch

Una vez hablé con Ana del amor. Yo trataba de poner palabras a lo inevitable. Ella dijo: “Es que es tan verdadero cuando es verdadero”

Francis Bacon decía que pintaba hasta que alguien venía y le sacaba sus cuadros del taller. Hace más de veinte años conocí su obra y tuve un arrebato de verdad y pasión; una marca que me acompañaría hasta ahora. Luego, con el tiempo, fui comprendiendo que lo que despertaba ese arrebato de certeza y emoción era el modo en que él se instalaba en el acto de pintar. Y la dimensión que me permitía reconocer, develar es que pintar - escribir- es una relación.

Ana es en relación. Todos los somos, pero Ana es sustancial, vital, medularmente en relación. Y su relación primera es con la poesía.
Ana acumula versiones interminables de sus textos. Cada vez vuelve al acto mismo de escribir y lo recrea, lo reitera. Jamás lo repite, sino que lo rehace. Ana va por la poesía, no por el poema. No es que el poema no importe, importa mucho, pero importa en la medida en que la pone o no en relación. Luego, (acaso por eso) los poemas son de una hondura arrasadora, deslumbrante. Pero su vínculo inicial es con la poesía. Como si  fuese un otro a quien se ama, se reconoce, se intenta abordar, se desencuentra. Un otro amor, ser amado, a quien uno no desearía nunca dar otra cosa que lo más genuino. Ana re-versiona incansable, casi obsesivamente sus textos. Pero no por otra cosa que por aquello de brindar ¿que brindaríamos a quien más amamos? ¿Con que cuidado, paciencia, entrega, amor, con que profundo amor entraríamos, una y otra vez, al terreno más querido?

  La materia se realiza completa en cada único acto.
Este soplo que llega desde el mar es todo el viento.

 La mira de Ana es de largo alcance por esa dimensión donde se funda. La poesía es de orden sagrado y no por protocolo o solemnidad sino por pasión existencial. Pocas cosas le dan tanta celebración como leer un poema que la toca.
Escribe por visceralidad, claro, por respiración, por deseo de vivir, pero su texto es un puente, acaso también un testimonio, una segunda cosa: lo primero es la poesía y la relación y el acto de escribir.

Entonces su poema es necesario. Gracias a esa relación, los textos se vuelven puente, se vuelven gestos vivos en esa geografía invisible que es la poesía misma, que quizás no sea otra cosa que cada laborioso, visceral y hondo puente que alguien ofrece para nosotros.

 Se puede estar en la memoria, ser antiguo. Reconocer las palabras en su curso. Se puede corregir mil veces, buscar mil veces, rehacerse. Se puede abrazar a los que escribieron antes, reconocerse parte de aquello que se ama. Se puede respetar y amar; se puede ser leal, perseverante, consecuente. Se puede escuchar lo que madura sin apurar ni retacear. Se puede ver crecer, se puede oír decir. Se puede ser sólida y tenaz, se puede ser una magnífica poeta y escribir un libro necesario. Y que además de necesario (o acaso por lo mismo) sea impecable, hondo, bello, conmovedor.
Se puede entrar a lo invisible y decir: Y todo lo que vino será una saga, cada cosa el giro de un ovillo. Esta voz que desborda volverá a otros para hablar de sí.
Se puede encarnar una poética, como quien traza sus propias coordenadas y ofrecer a la poesía una voz que diga: es tan verdadera cuando es verdadera.




Lectura de poemas con Julia Magistratti y Elba Serafini





Fotografías de mi lectura: gentileza de Alejandro Reynoso  
Las restantes: Alejandra Correa y Miranda Bruckner

martes, 15 de mayo de 2012

Vestida de nit

viernes, 16 de diciembre de 2011

Nuevos rumbos

Llega el 2012 y  la Fragua no diríamos que se apaga, sino que deja su ardor por donde anduvo y queda ahí, en un estado que es el de un entonces.
Yo veré qué forma virtual van tomando estos colores, y entonces vuelvo, y para aquel que  encuentre el eco en este raro éter, silbo una nueva dirección.



jueves, 15 de diciembre de 2011

Poemas en Intercuerpos



Aquí, textos inéditos en el blog de Catalina Boccardo

jueves, 10 de noviembre de 2011

Diez preguntas de Moreno y Cuestionario Schmidt

En el blog de Pablo Moreno, respondo a sus 10 preguntas a poetas.
Saludable ejercicio. Gracias!!
https://sites.google.com/site/10preguntaspara1poeta/ana-laferranderie

Y AQUÍ  respondo al Cuestionario de Alejandro Schmidt. Gracias!!

martes, 18 de octubre de 2011

La memoria al fin


Un poema de Wislawa Szymborska

La memoria al fin

La memoria al fin tiene lo que buscaba.
Apareció mi madre, se me presentó mi padre.
Soñé para ellos una mesa, dos sillas. Se sentaron.
Volví a sentirlos cercanos y volvieron a vivir para mí.
Dos lámparas, en el crepúsculo, hicieron brillar
sus rostros como para Rembrandt.

Es ahora cuando puedo contar
en cuántos sueños vagaron, de cuántas multitudes
en momentos críticos los arranqué,
en cuántas agonías se me cayeron de las manos.
Aislados, volvían a crecer torcidos.
El absurdo los obligaba a ser absurdos.
Poco importaba que ello no pudiera dolerles fuera de mí
si les dolía dentro de mí.
El populacho soñado oyó cómo llamaba “mamá”
a algo que saltaba chillando en una rama.
Hubo risas, ¡tener un padre con un lazo en la cabeza!
Me desperté avergonzada.

Y por fin.
Una de tantas noches,
de un vulgar viernes a un sábado,
llegaron de repente tal y como yo los quería.
Soñé con ellos, pero como liberados de los sueños,
obedeciéndose ya sólo a sí mismos y nada más.
En el fondo del cuadro se apagaron todas las posibilidades,
a los casos les faltó la forma necesaria.

Sólo ellos resplandecían hermosos, porque eran parecidos.
Pude verlos durante mucho, mucho tiempo, y felices.

Me desperté. Abrí los ojos.
Toqué el mundo como si fuera un marco tallado.

Wislawa Szymborska

sábado, 15 de octubre de 2011

miércoles, 24 de agosto de 2011

Para recordarme

"Son miles las voces como esas que gritan en Oxford Street. Todas tensas, todas reales, todas provocadas en quienes hablan por la presión de ganarse la vida, de encontrarse una cama, de mantenerse a flote en el alto, indiferente e implacable oleaje de la calle. (...) incluso el moralista debe permitir que esa calle de relumbrón, bulliciosa y vulgar nos recuerde que la vida es lucha, que toda edificación es perecedera, que toda exhibición es vanidad"
(Virginia Woolf, "El oleaje de Oxford Street", en "Londres")




viernes, 17 de junio de 2011

Poesía en el Centro. Junio de 2011.


III FESTIVAL DE POESÍA EN EL CENTRO
del 22 al 29 de junio de 2011
Centro Cultural de la Cooperación
Av. Corrientes 1543
Ciudad de Buenos Aires
A la memoria de Horacio Castillo, Néstor Groppa y Gonzalo Rojas
¡Los esperamos!

Apertura: miércoles 22 de junio
Lectura de Rodolfo Alonso, Niní Bernardello (Tierra del Fuego), Susana Villalba y Alberto Muñoz
Sala Solidaridad [2º SS] 18:00 hs.

1ª jornada: jueves 23
Mesa de lectura: Viviana Abnur, Clara Muschietti, Mercedes Araujo (Mendoza), Carlos Aldazábal (Salta) y Miguel Angel Federik (Entre Ríos).Coordina: Rodolfo Edwards. De 18:00 a 20:00 hs.

Mesa de reflexión y debate: ¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía? De 20:00 a 22:00 hs.
Participan: Miguel Dalmaroni, Alicia Genovese y Roberto Raschella. Coordina: Mario Goloboff.
Sala Jacobo Laks [3º Piso]

2ª jornada: viernes 24
Mesa de lectura: Ana Arzoumanian, Hugo Rivella (Salta), Macky Corbalán (Neuquén), Juan Meneguín (Entre Ríos), Alberto Szpunberg. Coordina: Inés Manzano. De 18:00 a 20:00 hs.

Mesa de reflexión y debate: Continuidades y rupturas en la poesía argentina. De 20:00 a 22:00 hs.
Participan: Ricardo Herrera, Tamara Kamenszain, Rodolfo Edwards y Osvaldo Aguirre (Rosario) Coordina: Vicente Muleiro.
Sala Jacobo Laks [3º Piso]

3ª jornada: lunes 27
Mesa de lectura: Horacio Zabaljáuregui, Nicolás Dorado, Daniel Amiano, Julio Félix Royano, Norberto Antonio (La Plata). Coordina: Rodolfo Edwards. De 18:00 a 20:00 hs.

Mesa de reflexión y debate. Poesía en condiciones de excepción. De 20:00 a 22:00 hs.
Participan: Camilo Blajáquis, Susana Valenti (Rosario), María Medrano, Claudia Prado y Martín De Souza. Coordina: Alicia Genovese
Sala Jacobo Laks [3º Piso]

4ª jornada: martes 28
Mesa de lectura: Alfia Arredondo (San Juan), Néstor Mux (La Plata), Ana Lafferranderie (Uruguay), Marcelo Carnero y Valeria Meiller. Coordina: Inés Manzano. De 18:00 a 20:00 hs.

Mesa de reflexión y debate: Poesía y regiones. La diversidad poética del país. De 20:00 a 22:00 hs
Participan: Juan Carlos Moisés (Chubut), Julián Axat (La Plata), Sergio De Matteo (La Pampa), y Ricardo Trombino (San Juan). Coordina: Carlos Aldazábal.
Sala Jacobo Laks [3º Piso]

Cierre: miércoles 29
Lectura de Jacobo Rauskin (Paraguay) y Nara Mansur (Cuba)
Cierre musical: Los tangos de Alberto Muñoz en la voz de Claudia Tomás.
Sala Solidaridad [2º SS] 18:00 hs.

Auspicia: ALBA - Secretaría de Cultura de la Nación – Festival miembro de la Red Nuestra América de Festivales Internacionales

Av. Corrientes 1543, Buenos Aires l www.centrocultural.coop
Prensa: Cecilia Balaguer l Carolina Guevara l prensa@centrocultural.coop l 5077-801

miércoles, 15 de junio de 2011

Moon River


Del libro de Adúriz, "Los nada"


"Moon river"
(glosa)

Más de una milla de ancho, dice la tonada.
Creí que era el Mississippi, pero no,
es un recodo del río Savannah, con homenaje
al notable Mark Twain, entre otras cosas.
Un lugar visto siempre, visto y revisto
con los ojos del amor, que para mí
significan mi ciudad, mi país duro,
mi familia y amigos. Como el río dulce
de La Plata que no vemos porque lo llevamos
dentro, en la respiración y en los ojos, como
si fuera el río de la carne y lo que nos es dado
conocer. Vaya si es ancha esta corriente
para contemplarla si no con reverencia.

Río, que alguna vez cruzaremos con estilo.
Siempre estuve braceando y te aseguro
que no por poseerlo, sino darlo, compartirlo
a los otros, que en mi caso fue el poema.
Cómo no hacerlo si sentí ese empuje furioso
que me dieron tantos, cada uno a su modo.
Marechal y "El domador de caballos", el increíble
"Zona" de Apollinaire, nuestro primer hermano.
Creo que escribir es eso: llegar a la otra orilla,
a todos esos que uno no es, como dice quizás
el proverbio: la belleza está en los ojos
del contemplador, una sentencia que rueda
desde antiguo, y que en mis ojos son los de un lector
agradecido a tantos maestros que le dieron.

Río hacedor de sueños y rompe corazones,
allí donde vas te sigo y trato de entender cada onda
que me acerca y separa de la orilla
o quizá no, del inifinito misterio que nos rodea
con apretura y congoja, sin ver el otro día,
o nos sumerge sencillo en el gozo de nuestros
hijos con quienes vamos braceando y descubriendo
su forma en los vaivenes de la corriente. Valió vivir
también me digo, aparte de conocer tantos libros,
para leer estos libros vivos de páginas crecientes
y ahora tan mágicos, que traen nietos con figuras
y cuentos para niños, como un futuro encarnado
de que el río siempre estará aquí para quien quiera.

Hice mi sueño con brusca incertidumbre. Hice el abrir
los ojos de mañana, para ver a otros que me hicieron
a un tiempo. A mi mujer, que honró siempre el vivir
con una acalambrante inteligencia, sin conceder
a lo dañino. Puede parecer blandengue, lo que digo
pero lo curioso: no lo es. Tomados de una mano
invisible, ambos seguimos en el río de nuestro afán,
roto el corazón tantas veces de belleza o pena sin fin.
Pero aquí mi punto, ella con una sonrisa viva en la boca,
sin ceder, en la resolución nomás de haber apostado su vida
por una sola ficha, cosa que yo no puedo afirmar
sin sentir cierto rubor. Honor entonces al río que permite.

Sí, hay tanto mundo para ver, mi bella errante compañera,
es infinita su riqueza abandonada. Recuerdo, por decir,
los caminos de España, tu compañía en el coche, con
los chicos atrás, corriendo el sueño de nosotros mismos:
la contemplación de las cosas, la naturaleza de las cosas,
el paisaje en secano, las curvas del camino, las lluvias
de Bilbao y tu Asturias querida. Eso al inicio, pájaros
jóvenes de toda juventud. Y luego aquí, al volver
a una lengua más afín, donde se pinta de otra luz el mundo.
Y más tarde, la tarde que presagia la cercanía de la noche
nadando sin parar, vagabundo de nuestra deriva mental
cada vez más honda y bonita, como tus arrugas y tal vez
las mías. Vimos el mundo y el mundo es de nosotros.
Y hay tanto para ver que no terminaría nunca de contarlo.

Los dos buscamos el final del arcoiris (qué maravilla como
metáfora de muerte) de que lo dado es por un día, efímero,
pero por fin plenario, porque lo bueno del río es que no tiene
cauce ni lecho y semeja, a cada momento, que volamos desasidos
de la propia materia, cantando la canción que esto contiene,
melodía del aire. No creo ya en la eternidad, y si la hubiera,
mejor, no importa. Cada mojadura del agua es un cielo de tierra.
El fulgor del instante que nace y que se va, que escurre sin medida
desde el fondo del iris. Este es el arcoiris a cruzar, la mera vida.

Si algo espera detrás de la curva, yo te espero o esperame. Es
de una belleza desaforada cuando andamos del brazo por ahí,
cantando la oración de los mansos, los que no exigen nada.
Y es más, son nada. Polvo de estrellas que regresan
para volverse solamente nubes: amiga, compañera del alma.

Javier Adúriz
"Los nada", libro póstumo
Ediciones del Dock, 2011



Fotografía: barco camino a Colonia, 2010


lunes, 25 de abril de 2011

¿Oís el río?

Un poema de Javier Adúriz

¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.

Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado, casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.

¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?

martes, 12 de abril de 2011


Un poema de Wislawa Szymborska

Vietnam

Mujer, ¿CÓMO TE LLAMAS? - No SÉ.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? - No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera?- No sé.
¿Desde cuándo te escondes?- No sé.
¿Por qué mordiste el dedo cordial?- No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada?- No sé.
¿A favor de quién estás? - No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. - No sé.
¿Existe todavía tu aldea?. - No sé.
¿Éstos son tus hijos? - Sí.


W. Szymborska, en "Mil alegrías - un encanto"
Poesía no completa, FCE, 2002

lunes, 21 de febrero de 2011